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RINCÓN DEL AUTOR

La demagogia

El problema es que si no tenemos buenos profesionales bien pagados en el Estado, no tendremos buena gestión

Por: Jaime de Althaus Guarderas

La mezquindad, la búsqueda de la ganancia política inmediata sin consideración del interés nacional son capaces de frenar todo en el país. Así ocurrió en el caso de la patética renuncia del Gabinete al aumento de sueldos. Durante dos años se criticó la rebaja de sueldos en la administración pública como demagógica y debilitadora de un Estado ya precario. Pues bien, apenas empieza a corregirse esa situación --también es cierto que de una manera muy torpe--, los buitres de la oportunidad política aprovechan para desplegar su propia demagogia, y el Gobierno retrocede.

Es que el Perú contiene tragedias estructurales que brindan oportunidades magníficas a los oportunistas, que saben pero no paran mientes en que las soluciones suelen ir por el camino contrario al que el sentido común señala. El marcado dualismo entre la economía formal, moderna y minoritaria, y la mayoría informal determina que un sueldo que un profesional bien formado percibe como muy bajo, un informal pueda percibirlo como muy alto. Es muy fácil, entonces, explotar esa disparidad, pero el problema es que si no tenemos buenos profesionales bien pagados en el Estado, no tendremos buena gestión, y la brecha entre esos dos mundos se profundiza.

Hay que resolver, no sacar partido de la tragedia dualista. Por ejemplo, bajando los costos (tributarios, laborales, burocráticos, de infraestructura) que el Estado le impone a la actividad económica. Muchísimos se formalizarían y acumularían y a la larga el Estado recaudaría todavía más. Pero aquí se repite la situación: esos mismos irresponsables pondrían el grito al cielo por la reducción de las cargas impositivas o laborales. Explotan el sentido común inmediato: que hay que aumentar la protección al trabajador --que solo sirve para excluir a las mayorías--, o subir la presión tributaria varios puntos a fin de contar con los recursos para mejorar la educación y la salud y saldar la brecha social. Pero al subir los impuestos a la actividad productiva, anulamos la acumulación, y por lo tanto el crecimiento. Y nos quedamos sin soga ni cabra.

La única manera de mejorar los servicios sociales e integrar el país es con los mayores recursos que produzca el crecimiento y con reformas radicales como la entrega de las decisiones a los colegios mismos y la generalización de los CLAS en Salud, donde es la comunidad organizada en asociaciones civiles la que maneja los recursos públicos. Y reorientar los programas sociales al desarrollo productivo. Pero todo eso supone enfrentar fuertes intereses creados. Y ya nadie quiere batallar.

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