Por Juan Zegarra
Una imperfección local muestra que mientras en el mercado internacional bajan los precios sustantivamente, aquí opera de forma ligera e imperceptible. ¿Por qué? No hay que ser zahorí para advertir que medianas y grandes empresas están lucrando al tope con esta diferencia coyuntural.
No cabe reclamar un control de precios, como en algún momento de la etapa inflacionaria del 2008 lo hizo equivocadamente el ex primer ministro Del Castillo. Pero los consumidores pueden apelar a una poderosa herramienta: nuestro 'homos economicus'. Es decir, la capacidad para calibrar mejor nuestro presupuesto y así forzar una mayor competencia de precios.
Esto no es una simplificación del problema, sino una apelación a favor de una constante acción racional. Ahora hay mecanismos que facilitan tomar decisiones que una década atrás no existían. Por ejemplo, en el tema del combustible resulta de enorme ayuda la página web de Osinergmin llamada 'facilito'. Una rápida visita permite saber que en un distrito como Santiago de Surco puede encontrar grifos cuyo precio de la gasolina de determinado octanaje puede tener una diferencia de tres soles.
Menciono esto no por caer en la banalidad de la anécdota, sino para mostrar que a partir de una mejor información podemos cambiar esa relación asimétrica entre quienes venden y quienes compran. El caso del combustible es aplicable a los alimentos, cuyos precios también han disminuido en el mercado internacional pero aquí ni se siente tal disminución.
George Akerlof, un economista estadounidense de los 70, decía que la economía de mercado sería perfecta si todos dispusieran de las mismas informaciones. Por extensión, sería ideal que cada ciudadano tuviera la mejor data posible para tomar decisiones de compra y de paso castigar a los fenicios modernos.
Cabe un papel clave a ministerios como Agricultura y Producción. Por un lado, deben seguir y aumentar el flujo de información diaria sobre precios en distintos puntos de venta, y por otro, identificar, por simple labor pedagógica, a quienes mantienen inexplicables precios. Eso servirá para que ese creciente bolsón de consumidores éticos reprenda en sus decisiones de compra a ese productor, importador o grupo económico.
Dicen que el mercado está un tanto chueco, pues bien una sociedad consciente y mejor informada puede enderezarlo.