EL EDITOR
Por Virginia Rosas
Cuando al presidente electo de Estados Unidos, Barack Obama, se le pide pronunciarse sobre el bombardeo israelí a la franja de Gaza, que hasta el cierre de esta edición había dejado más de 800 muertos, prefiere callar en todos los idiomas argumentando que el país no puede tener dos mandatarios al mismo tiempo y que tratará el tema de Medio Oriente cuando asuma el cargo el 20 de enero próximo.
Pero Obama, que el miércoles pasado se reunió en la Casa Blanca con todos los ex presidentes de EE.UU. vivos, no ha escatimado palabras para referirse a la situación económica de su país y ha advertido que si no se toman medidas drásticas la recesión podría durar años. El jueves pronunció un discurso en Virginia en el que anunció una baja de impuestos de 1.000 dólares al 95% de las familias estadounidenses a fin de promover el consumo.
El departamento de Trabajo anunció el jueves mismo que el número de personas que continuó solicitando beneficios de desempleo en EE.UU. alcanzó los mismos niveles de noviembre de 1982 en la última semana de diciembre. Los economistas prevén que la desaceleración económica podría resultar más prolongada que la de los años 30.
Con el fantasma del 10% de desempleo sobrevolando los predios de la Casa Blanca, Obama ha puesto a trabajar aceleradamente a su equipo de transición. Así podrá llegar al Salón Oval con un vasto plan de relanzamiento económico bajo el brazo que, además de la reducción del 40% de los impuestos, prevé el financiamiento de infraestructuras y el aumento de las pensiones de desempleo. La reactivación económica costaría 775 mil millones de dólares durante los dos años siguientes.
También prometió doblar la producción de energía alternativa en los próximos tres años y mejorar la eficiencia energética de dos millones de hogares.
Mucho menos optimista es el senador Kent Conrad, presidente de la Comisión de Presupuesto del Senado de EE.UU., quien opinó que Obama se encamina hacia un desastre fiscal de enormes proporciones, pues el déficit fiscal previsto es de un billón de dólares.
El presidente electo, que ha ofrecido modernizar miles de escuelas y universidades públicas y prometió recorrer el país para renovar carreteras, puentes y caminos que se encuentran en mal estado, responde al pesimismo de Conrad indicando que aunque su plan de reactivación aumentará el déficit fiscal, es también cierto que "no hacer lo suficiente o no hacer nada llevará a un déficit de empleos, de ingresos y de confianza en nuestra economía". Confía que el plan será implementado, como máximo, a mediados de febrero.
Aunque está levantando un castillo de deudas en su país, a sus antecesores en la Casa Blanca, republicanos o demócratas, no les quedó más remedio que desearle suerte en su gestión.