Por Erik Struyf Palacios. Periodista
BRUSELAS. La nueva edición del conflicto del gas entre Rusia y Ucrania adquirió envergadura de crisis en el comienzo de esta semana, cuando el primer ministro ruso, Vladimir Putin, decidió cortar drásticamente el suministro de gas que su país envía a Europa a través de Ucrania.
La Unión Europea (UE), hasta entonces reacia a mediar en un diferendo considerado bilateral y comercial, pegó el grito en el cielo y calificó de inaceptable el comportamiento de sus proveedores: lo que menos quisiera Bruselas es que en medio de un invierno gélido el conflicto entre Moscú y Kiev siga agravándose. La razón es simple: por Ucrania pasa el 80% del gas ruso que el Viejo Continente consume. La suspensión del bombeo ruso literalmente ha hecho temblar de frío a varios países del este de Europa en los últimos días.
La disputa entre rusos y ucranianos por los precios del gas parece estar convirtiéndose en una cita anual con graves consecuencias para la UE y el resto del continente. Esta vez, Gazprom, el gigante energético ruso que vende a Ucrania el grueso de sus necesidades de combustible, dio por terminadas las negociaciones para fijar la nueva tarifa del gas al constatar que la antigua república soviética rechazaba su propuesta de pagar US$250 por 1.000 metros cúbicos de gas en el 2009. Kiev aceptaba a lo mucho subir la tarifa de US$179,5 a US$235 y solo con la condición de que Rusia también accediera a incrementar de US$1,7 a US$1,8 por 100 kilómetros de recorrido la tarifa de tránsito del gas que pasa por su territorio rumbo a Europa.
Ante el bloqueo de las conversaciones, Gazprom optó por imponer mano dura: comunicó a Ucrania que en adelante debería pagar la misma tarifa que rige para sus clientes europeos, es decir, US$418 por cada 1.000 metros cúbicos, le exigió la cancelación inmediata de una deuda de US$2.100 millones correspondiente a pagos retrasados y penalidades, y anunció que dejaba de venderle gas hasta que se sometiera a las nuevas condiciones. En la mañana del 1 de enero, Ucrania dejó de recibir gas ruso para su propio consumo.
CRISIS EXTENDIDA
Cuatro días después, el conflicto comercial bilateral escaló a crisis. El lunes 5 de enero, Gazprom informó a Putin que Ucrania había robado 65 millones de metros cúbicos de gas ruso destinado a Europa durante el fin de semana. El primer ministro ordenó reducir en cantidad equivalente el volumen de gas despachado al Viejo Continente para obligar a Kiev a devolver el combustible sustraído con sus propias reservas. Unas horas más tarde, Ucrania acusó a Rusia de haber cortado en más de dos tercios el bombeo de gas con destino a Europa, con lo que lo redujo de 295 millones a 90 millones de metros cúbicos.
El 7 de enero, Moscú fue más lejos: cerró por completo el grifo de gas que abastece los tubos ucranianos para el mercado europeo. En este punto las versiones se contradicen: según Moscú, esta medida radical se tomó al constatarse que Ucrania había cerrado horas antes los cuatro gasoductos que desde su territorio se dirigen a Europa. Kiev lo niega y sostiene que no ha recibido un solo metro cúbico de gas ruso desde el miércoles.
Como consecuencia de esta guerra entre Rusia y Ucrania, más de una decena de países europeos se han visto afectados. Serbia, Bosnia, Croacia, Macedonia, Eslovaquia, República Checa, Hungría, Bulgaria, Turquía, Grecia y Austria dejaron de recibir gas ruso entre el martes y el miércoles. En los países balcánicos la escasez de combustible dejó sin calefacción a miles de familias y forzó el cierre temporal de los centros educativos.
Entre los países de la UE más perjudicados están Bulgaria y Eslovaquia. Ambos se vieron obligados a reducir el suministro a la industria y a los consumidores. En Sofía, el alumbrado público permanece apagado para ahorrar gas y en el resto del territorio se estima que 60 mil familias se quedaron sin calefacción. En Eslovaquia, la falta de gas detuvo la actividad de las empresas de automóviles Kia Motors y Peugeot-Citroën, así como de otras importantes firmas del país, entre ellas el gigante metalúrgico U.S. Steel, en Kosice.
LAS CLAVES DEL CONFLICTO
A diferencia de lo que ocurre con los países occidentales, que firman contratos con Gazprom por períodos de 20 a 30 años, Moscú y Kiev deben ponerse de acuerdo anualmente sobre el precio del gas (al menos hasta el 2011, cuando se homologuen las tarifas y Ucrania se vea privada del trato especial por su condición de antigua república soviética). Estas negociaciones se desenvuelven en un clima político de tensión. A Rusia todavía le duele la revolución naranja, un movimiento que en el invierno del 2004-2005 llevó al poder a Víctor Iouchtchenko con su discurso favorable a la apertura hacia Europa occidental. Los más frescos resentimientos de Moscú los suscitó el deseo explícito de Ucrania de integrarse lo más pronto posible a la OTAN.
Es con este telón de fondo que se debe tratar de comprender las múltiples claves que se ocultan tras el conflicto del gas. Marc Antoine Eyl Mezzaga, experto del Centro de Estudios e Investigaciones Internacionales de París (CERI), ensaya una explicación: "Gazprom tiene entre manos dos proyectos de gasoductos destinados a evitar los países de tránsito: Northstream en el norte y Southstream en el sur. Con su construcción, Moscú sería menos dependiente de Ucrania, país por el que en la actualidad transita el 80% del gas vendido a Europa. Por lo tanto, convencer a los europeos de que Kiev no es un socio fiable para el transporte del gas ruso podría acelerar la construcción de los nuevos gasoductos".
Otros analistas estiman que las razones del bloqueo hay que buscarlas más bien en Ucrania, en el hecho de que el 2009 es un año electoral en ese país y que a los políticos ucranianos les aterra verse forzados a imponer un importante aumento en el precio del gas destinado a los particulares. Para Andrew Wilson, experto senior del European Council on Foreign Relations, los móviles del conflicto son más oscuros: "Europa se ha convertido en rehén de un esquema de corrupción ruso-ucraniano que es un cáncer presente en las estructuras políticas de Europa oriental entera".
Wilson se refiere al papel de RosUkrEnergo, una firma constituida por una quincena de socios rusos y ucranianos a través de la cual se efectúa el total de las transacciones gasíferas entre Moscú y Kiev y que, sin aportar un valor agregado al tránsito del gas, se embolsica miles de millones de euros desde el 2006. Los montos que en adelante obtendrá esta estructura opaca de intermediarios parecen ser uno de los problemas que bloquean las actuales negociaciones para resolver el conflicto del gas.
CLAVES
A. Las conversaciones entabladas el jueves entre Rusia, Ucrania y la UE para terminar con el conflicto habían fracasado al no hallarse un acuerdo sobre la composición de la misión de observadores que viajaría a Ucrania.
B. Moscú exigía que observadores rusos integren la misión, en tanto que Kiev solo estaba dispuesta a permitir el desplazamiento de inspectores europeos en su territorio.
C. Pero el viernes, el consorcio ruso Gazprom anunció que Ucrania aceptó el ingreso de observadores rusos para supervisar el tránsito del gas. El flujo hacia Europa se normalizaría hoy.