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EL LADO OCULTO ÁLVARO BRANDESI, GERENTE DE OPERACIONES DE PRODIS

El campeón no se emociona

SEIS SEGUNDOS LE BASTARON PARA SELLARLE LA BOCA A LOS INCRÉDULOS. EL PILOTO AL QUE MAMÁ LE SOLTÓ EL TIMÓN A LOS 12 AÑOS, LOGRÓ LO IMPOSIBLE. ÉL JAMÁS PERDIÓ LA CALMA

Por Antonio Orjeda

Kike Pérez le puso la cámara en la cara. "¡Felicitaciones!". Fue en Cañete. Álvaro acababa de cruzar la meta. Mandó callar a todo el mundo. Quería escuchar el resultado oficial. Sabía qué tiempo habían hecho él y su máximo rival. Sus cálculos eran certeros: él era el campeón nacional de rally en la categoría N3, pero no. Estaba a la espera del resultado oficial. Ian Sierlecki, el piloto que hasta esa, la última carrera del 2008, todos creían sería el triunfador del año, sabía bien lo que iría a decir esa, la maldita voz oficial. Cuando esta se oyó, Álvaro miró al 'Lacra', su copiloto. "Ganamos el campeonato", le dijo. No lo gritó. No hizo nada más.

"Yo no me subo al techo. Soy un poco frío. Nunca me emociono", ríe el campeón.

LEVANTA POLVO
Edzard, su padre, siempre ha estado metido en el mundo de los fierros. Alguna vez corrió, pero no fue él, sino Doris, quien puso al último de sus tres hijos frente al timón.

"A ver, tanto quieres manejar, maneja". Álvaro no tiene certeza de ello, pero presume que debe haber fregado harto a mamá para que ella tome esa decisión. Tendría 12 años. Doris le dijo que lo haga. No le indicó cómo.

"Si te gusta algo, tú estás mirando cómo se hace".

No tuvo problemas. A partir de entonces, cada vez que Doris lo recogía de la natación, le decía: "Maneja tú", y del Regatas a La Molina, Álvaro conducía feliz.

A los 20 corrió karts. Tres años después, Óscar Dufour le planteó prestarle la camioneta con la que un año antes había ganado Caminos del Inca. Era 1997, Dufour volvería a competir y quería a Álvaro como auxilio mecánico. Así fue. Ganaron la primera etapa, no les fue mal en la segunda. En la penúltima, Álvaro se enteró de que lideraba Caminos del Inca en su categoría. Sin planearlo, la ganó.

El 2005 ya contaba con un récord de ocho victorias consecutivas. A inicios del año pasado Kike Pérez le planteó correr en un KIA. Hasta entonces ningún auto coreano había participado en fecha alguna del campeonato nacional de rally. Cada año, este incluye siete fechas. Se contabilizan solo los seis mejores tiempos que haya hecho cada piloto para dar con el campeón.

El auto de Álvaro tardó en llegar. Perdió una fecha y, con ello, su comodín.

La cosa se puso peor: también perdió la segunda. Sí, aún no contaba con el auto. La tercera fecha sería --para él-- recién la primera. La ganó.

Si bien fue una sorpresa, a esas alturas ya nadie lo consideraba un peligro. Álvaro y el 'Lacra' ganaron la siguiente y también la carrera que a esta siguió. Para cuando llegó la última fecha del 2008, iban segundos en la general, detrás de Ian Sierlecki por solo dos puntos. Todo se definiría en Cañete. En el terreno había muchas piedras sueltas, iba a ser fácil romper llantas. "No voy a salir a ganar, solo a estar adelante de Ian", decidió. Sierlecki salió con todo, estuvo a seis segundos de cambiar la historia, pero no. Una vez que oyó el resultado oficial, el corredor que no se emociona recién declaró --sin prisa-- ante las cámaras de Kike Pérez.

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