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FUE TRICAMPEÓN DE LA LIBERTADORES Y CAMPEÓN DE LA INTERCONTINENTAL CON ESTUDIANTES EN LOS AÑOS 60

Zubeldía bajo la lupa

Son pocos los técnicos que han dejado huella y, además, lo han ganado todo. Zubeldía fue uno de ellos y El Veco rescata pinceladas de su grandeza

Por El Veco

Sabio sin duda y también "diablo". Ídolo eterno en la ciudad de La Plata y también resistido con firmeza por los rivales adeptos al fútbol prolijo, con respeto esencial por el balón y con alergia a los raspones. Osvaldo Juan Zubeldía nació en Junín, la ciudad de Eva Perón, el 24 de junio de 1927 y murió en Medellín el 17 de enero de 1982 por un paro cardíaco tras haber clasificado campeón (1981) al Nacional cafetero donde brilló César Cueto.

¿Cómo definirlo? Tenía una clara lectura de los partidos y sumaba acotaciones que parecían fuera de lugar y que servían. "Con el árbitro Pradaude --le decía al plantel de Estudiantes-- las tres primeras patadas no cuentan. Con Coerezza es distinto, ojo que los puede 'rajar' a la primera".

Un gran trabajador, observador de todo detalle, obsesionado por una tarea física a fondo. Una charla con Zubeldía era un acopio de enseñanzas y las tenemos presentes. "En la pelota parada hay que cambiar de receptor. Si siempre va el mismo a cabecear el rival se aviva". El famoso achique para dejar en fuera de juego al adversario y anular la maniobra surgió cuando vio a la selección húngara en Buenos Aires.

Sus respuestas a veces sorprendían. "¿Por qué le dio a Madero el rol de ordenador de la defensa?". Hizo una pausa larga y respondió: "Porque toca el piano y con eso solo me indicó un nivel superior de inteligencia frente al resto. Los otros no pueden tocar ni la campana". Había algo más: Madero era médico, aunque a Zubeldía le bastaba con saber su fuerte inclinación por el teclado. Y punto.

-- ¿Cómo definiría a su equipo, Osvaldo?

-- Es simple hacerlo: 10 obreros con convicción anímica que comparten la posibilidad de frenar o atacar, que van a todas, que dejan el alma en el campo y un genio que inventa: Juan Ramón 'La Bruja' Verón.

Armó en los 60 el mejor Estudiantes de La Plata de la historia y le hizo ganar la Copa Libertadores en triplete, conquistas pegadas como botones del chaleco y que sellaban la calidad del producto. Aquella ola triunfal de 'los pincharratas' llegó a la cumbre el 16 de octubre de 1968 en Manchester al ganar la Intercontinental. En noche lluviosa y bajo la grita sostenida de "animals, animals" de los hinchas ingleses, todo se resolvió temprano. A los 7 minutos una falta sobre la izquierda, Madero sirvió el centro y la cabeza de Verón fijó el 1-0, el mismo tanteador que a la ida en cancha de Boca cuando Conigliaro selló el triunfo estudiantil. "Fue la vuelta olímpica más silenciosa que recuerde", dijo al regreso. Los ingleses perdieron la línea. Al relator José María Muñoz (Rivadavia) le pegaron con un paraguas y un 'hooligan' le dio un puntapié a Conigliaro en un tobillo.

Zubeldía se movía generalmente así, entre broncas y aplausos. Tuvo admiradores a ultranza y detractores que criticaron su norte de ganar "a cualquier costo". En los 103 años de Estudiantes de la Plata está para el bronce y dejó una huella imposible de borrar. Y eso por supuesto no lo moverá nadie.

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