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PUNTO DE VISTA

Valgan verdades

Por Arabella Krateil. Publicista

Muchas veces en mi carrera me he topado con amigos que se quejan del incremento de la "publicidad engañosa". Sin embargo, cuando narran su caso, veo que en su mayoría son ejemplos que los especialistas no considerarían dentro de este concepto.

Lo cierto es que el consumidor se queja de todo lo que lo agrede, lo indigna, lo invade o lo satura. Y como resultado de ello, la publicidad termina siendo el aspecto de la actividad comercial a la cual, con mayor frecuencia, se acusa y señala. Es cierto que existe publicidad engañosa, no se puede negar pero vamos a sacar de ese costal los casos que escapan de la responsabilidad del publicista y que tienen tan disconformes a los consumidores.

Identificamos, de un lado, las técnicas de "ventas invasivas". Un estilo por el cual obtienen nuestro número telefónico o mail y en el momento más impertinente nos quieren --engañosamente-- vender algo o hacer acreedores de una beca, un electrodoméstico o una línea de crédito. Para tranquilidad de algunos, el Indecopi permitirá que pronto podamos librarnos de tales llamadas inscribiendo nuestro teléfono en una lista de usuarios que no las desean.

De otro lado, están las "ventas agresivas", un sistema de mercadeo que consiste en ofrecer premios para lograr que vayamos a un establecimiento en el que, luego, utilizarán técnicas persuasivas de mucha presión para firmar contratos que habría que analizar con mayor cuidado.

Existen los casos en que la publicidad termina funcionando en contra del producto mismo porque la saturación o insistencia del mensaje produce el rechazo del consumidor. Están también las prácticas de competencia desleal. En fin, la actividad comercial ha sofisticado sus herramientas se ha complicado el panorama.

Lógicamente, toda problemática tiene dos caras. En lo que a comunicación se refiere, en un extremo tenemos a los medios de comunicación que viven de la publicidad y se ven en la necesidad de elaborar contenidos para satisfacer al público que les dará el ráting suficiente para vender los programas a un mejor precio, algunas veces sacrificando la calidad. Del otro lado, está el consumidor que, al escoger esa programación, está alimentando --con su baja exigencia-- una menor calidad de programación. La diferencia es que el consumidor siempre tendrá el derecho de, encima, quejarse. El caso es que se trata de dos fuerzas, cada cual luchando por sus intereses.

La publicidad no se escapa a la 'chichificación'. Incluso surgen anunciantes como tuberías plásticas, colegios particulares o centros de estética, que nos sorprenden afrontando los costos de publicitar en televisión, sin mencionar otros rubros cuyas ejecuciones hasta avergüenzan.

Los publicistas profesionales somos conscientes de que nuestra profesión ha sido satanizada y, por ello, nos cuidamos mucho. Somos muy respetuosos de los códigos de ética, defendemos nuestra actividad en la cancha, haciendo publicidad que se disfruta, marcando diferencias, generando confianza y aclarando siempre aclarando.

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