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PUNTO DE VISTA

¿Qué esperar del 2009?

Por Carlos Adrianzén C. Economista*

El año que empieza despierta recelo. No son solo los impactos de una crisis global compleja. No es solo la bulla oportunista de opositores o la de grupos que desean obtener beneficios especiales o justificaciones a errores de política a nombre de la crisis. Es la historia. La forma poco lúcida como hemos enfrentado en el pasado crisis recesivas globales, caídas en términos de intercambio y hasta fenómenos de El Niño. Tanto o peores que los eventos exógenos han sido las respuestas gubernamentales a estas.

Teniendo esto en cuenta y el alto ritmo de crecimiento económico y captación de inversión extranjera registrado el 2008, algo debe quedarnos bien claro. Como siempre, dependemos de nosotros mismos, de lo que hagamos. Podemos apostar a creer que podemos resistir a buen pie y sin mayores cambios. Algo así como a que la crisis no nos toque la puerta, el Escenario A; o que vamos a tratar de hacer todo lo necesario para crecer exportando y captando inversiones (con altos niveles de esfuerzo) --llamémoslo Escenario B--. El problema, en cualquiera de estas dos perspectivas, pasa por reconocer una regularidad que nos muerde: hemos venido creciendo llevados por flujos inusuales de exportación y de inversión privada. Lo complicado de esta regularidad pasa por reconocer lo obvio: en el actual escenario global va a ser mucho más difícil registrar niveles similares de exportación y de inversión privada.

¿Pero, entonces, qué esperar del 2009? La respuesta implica ambos escenarios. En el Escenario A (algo así como la visión oficial), podemos esperar niveles de crecimiento del PBI cercanos al 5%, exportaciones menos dinámicas (ergo, deterioro en el ritmo de creación de puestos de trabajo y en la reducción de pobreza en las zonas urbanas y en la costa rural) y con brechas fiscal y externa en relativo desahorro.

Es mucho más incierto el dibujo de perspectivas inflacionarias y devaluatorias. La actualmente desproporcionada inyección nominal de liquidez y las expectativas de los agentes pueden complicar severamente el accionar del BCR. De hecho, apostar por políticas discrecionales de demanda resulta una opción bastante limitada. En buen español, en este escenario podemos esperar crecimiento aún positivo y rezar por que las cosas no se compliquen aceleradamente. De hecho, en lo personal, pienso que es suicida apostar por esa mezcla de políticas fiscales y monetarias simultáneamente expansivas combinadas con un dólar distorsionado hacia abajo.

El Escenario B, en cambio, implica ajustes duros, pero oportunos. Acciones de alivio tributario, reducción de cargas regulatorias y burocráticas; y, fundamentalmente, el tránsito abierto hacia un dólar de mercado y hacia patrones de disciplina monetaria congruentes con el fiel cumplimiento de la meta inflacionaria. En este escenario, el crecimiento, la exportación, la reducción de pobreza, la creación de puestos de trabajo y la captación de inversiones pueden mantenerse a ritmos persistentemente altos; sobre todo si cerramos el TLC con EE.UU. finalmente.

Claro está, no resulta hoy muy lógico anticipar que los peruanos veamos la crisis como una oportunidad. De hecho, las políticas implícitas en este Escenario B configuran auténticas blasfemias dentro de un ambiente tradicionalmente inclinado a lo fácil.

*UNIVERSIDAD DE SAN MARTÍN DE PORRES

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