Por: Beatriz Boza
¿Qué visión de futuro, de progreso y de modernidad tenemos los peruanos? En esa visión, ¿qué papel juega la tecnología, el mercado, la política y la intimidad de las personas? Si bien puede resultarnos difícil coincidir en las respuestas a estas interrogantes e incluso en su importancia, hoy, el auge de la Internet y el acceso cada vez más amplio a información mundial son parte de una realidad que va redefiniendo tendencias y visiones. El Estado no puede quedarse al margen.
Así lo han entendido el presidente ruso, el Congreso de EE.UU. y el Banco Mundial. Dimitri Medvedev tiene su propio blog. Desde la semana pasada, el Senado y la Cámara Baja estadounidense han inaugurado canales en la web, a través de You Tube, los que permiten que uno 'los vea' cuando quiera y les pueda hacer comentarios.
El Banco Mundial ha hecho lo propio con los resultados del Doing Business, la investigación que mide y compara la facilidad para hacer negocios en distintos países: la ha publicado en la red social Facebook y ya tiene más de cuatro mil fans registrados. En el Perú no estamos lejos de esa tendencia. La convocatoria y confirmación de participación de más de 300 personas el martes ante la embajada israelí por la paz en Gaza se hizo principalmente por Internet. Y Hi5 es una de las cinco páginas más buscadas en Google en el Perú.
Espacios virtuales como Hi5, Facebook, You Tube, Twitter, Blogger y similares unen personas desde la conveniencia de su hogar, trabajo o lugar de ocio, como suelen ser las cabinas públicas. Al permitirle a cada uno tener un espacio propio en el mundo virtual globalizado, integran y movilizan a una generación muchas veces desinteresada, desmovilizada y despolitizada. La personalización de lo masivo plantea también un desafío para la legitimidad de nuestro Estado, tan acostumbrado a la masificación del individuo y al maltrato de las personas.
La tecnología puede ayudar a servir mejor a la ciudadanía. Muchas entidades públicas a todo nivel, desde Quillo hasta Produce y Osinergmin, ya están usándola para mejorar la calidad del servicio que prestan. Y varias otras tienen listos importantes proyectos de pago por Internet y simplificación de procedimientos, pero se encuentran con disposiciones que, por decreto y muchas veces a ciegas, emite un ministerio impidiendo su implementación.
Sin una efectiva orientación de servicio a la ciudadanía a todo nivel, toda la tecnología del mundo no contribuirá a la legitimidad que nuestro Estado tanto necesita.