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PUNTO DE VISTA

Lo negativo de lo inmediato

Por Fernando Guinea. Socio*

La búsqueda de logros es una fortaleza en los negocios. Es fuente de pasión y de energía que motiva a la acción y al crecimiento hacia un desempeño exitoso de largo plazo.

En el corto plazo, un ejecutivo con determinación y empuje, orientado a lograr sus metas, puede ser muy exitoso. Sin embargo, es importante notar que si el individuo se fanatiza por el cumplimento de sus metas, puede afectar de manera perjudicial su desempeño en el largo plazo.

Por ejemplo, para alcanzar sus objetivos de venta, algunos ejecutivos obsesionados por el resultado inmediato son capaces de modificar cifras reales y omitir información clave, presionan a su equipo en vez de colaborar con él y motivarlo, no aceptan críticas y, así, obtienen un bajo rendimiento que atenta contra la motivación inicial de lograr metas.

Un excesivo afán por el resultado inmediato destruye la confianza, baja la moral y la autoestima, afecta la productividad y socava la confianza en la gestión, así como el desempeño.

El impulso por lograr metas es una fuerza innata difícil de resistir, ya que hemos sido formados para ser competitivos y exitosos. El logro y los buenos resultados nos entusiasman y nos hacen sentir felices, base de la cultura occidental y de la vida corporativa moderna. A simple vista, parecería que la clave estaría en controlar el desmesurado afán por el logro, pero esto es ¡fácil de decir y difícil de aplicar!

David McClelland identificó tres motores internos (motivaciones sociales) que explican la conducta de los líderes: el logro o desempeño, la afiliación o pertenencia, y el poder o influencia sobre los demás. Según el estudioso, el logro era la motivación más fuerte para el éxito, pero tuvo que reconocer que en ciertos casos en los cuales se buscaban resultados inmediatos, ciertos individuos recurren a hacer trampa, marginar a los demás y tomar atajos. McClelland concluye que esta obsesión era negativa y que los medios para lograr el fin no eran justificables.

En los años 80, la calidad total y la mejora continua dominaron el escenario de los negocios, pero luego vinieron la recesión y las reestructuraciones que pusieron mayor énfasis en el desempeño. En los años 90, la motivación por el logro aumentó drásticamente y se elevó la valla por el desempeño en correlación directa con un afán de logro desmedido. La historia pasada y presente es conocida, llena de escándalos de alto perfil y una crisis de confianza en el sistema, en que la falta de ética, malas prácticas y ambición desmedida han dominado el mundo de los negocios y creado un problema financiero mundial.

La receta estaría en saber cómo controlar o autocontrolar el excesivo afán de logro inmediato, buscando canalizar esa energía hacia nuevas conductas y buenas prácticas de gestión, hasta volverlas una costumbre. Para ello, hay que identificar otras áreas de nuestras vidas para satisfacer la necesidad de ser exitosos, como hobbies, trabajo comunitario o actividades sociales.

La clave está en despersonalizar el poder y desarrollar el poder socializado en los líderes, una fuente de producción de satisfacción y motivación que se produce al ayudar a otros a sentirse mejor, más felices, más poderosos y más capaces. Esto se logra estimulando actividades grupales, buscando que la equidad, la solidaridad y la generosidad sean cualidades de nuestro carácter y de nuestra vida en comunidad.

*AMROP HEVER PERÚ

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