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¿Quién quiere la acefalía de la contraloría?

Por: Juan Paredes Castro

Por lo visto se vienen creando cada vez más condiciones para que un organismo tan fundamental como la Contraloría de la República quede acéfalo, es decir sin cabeza ni dirección, simplemente administrado por inercia.

Esto podría muy bien convenirle al Gobierno y a la bancada oficialista parlamentaria supuestamente comprometida a hacerle el juego, en la medida que quieran ganar, a su favor, un vacío de control temporal.

Lo que más se evidencia, sin embargo, es la incompetencia política del Gobierno y del Congreso para manejar la designación de un nuevo contralor o de una nueva contralora. Digamos que el Gobierno no solo ha cumplido con una selección previa de candidatos potenciales, en una modalidad de concurso sin precedentes, sino que el presidente de la República ha terminado haciendo lo que le manda la Constitución: Proponer ante el Congreso a quien considera que reúne los requisitos exigidos para el cargo: Ingrid Suárez.

En lo que ya es la típica suerte de un concurso público en el Perú, la selección previa de candidatos que emergió de él prácticamente murió en el fuego cruzado de intereses políticos y celos profesionales de uno y otro lado.

Hubo gente muy descontenta porque no se había avanzado nada, como igualmente otra gente que una vez más se alegraba del fracaso del Gobierno. Ahora resulta que la sobreviviente de todas las selecciones hechas hasta hoy, la señora Ingrid Suárez, está sometida en los predios del Congreso a tal presión evaluativa de su formación y experiencia profesionales, que no sabemos si todo ello es parte de la necesidad de asegurar un nivel de real excelencia para el cargo o más bien del deseo de desvalorizar sus virtudes y satanizar sus defectos.

No tenemos ningún interés particular en defender la candidatura de Suárez. Pero el proceder del Congreso en el tratamiento de su candidatura dista mucho de la corrección, respeto y transparencia necesarios. Y lo que es peor: la falta de concertación del Gobierno y el Legislativo en este tema es horrorosa, porque una vez lanzada la señora Suárez al ruedo parlamentario, no hay nadie de uno y otro lado tratando de sacar dos cosas en claro: una, si ella es la candidata ideal y por lo tanto vale la pena apostar por sus méritos; otra, si no es mejor que se vaya en busca de una alternativa mejor y más consensuada.

Nada de esto se está haciendo. Todos están al quite. La señora Suárez libra su batalla de currículum como puede y como debe. Y, finalmente, el fantasma que rodea la engorrosa evaluación: la acefalía de la contraloría, no sabemos por cuánto tiempo.

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