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LA INVERSIÓN MÁS NECESARIA: INNOVACIÓN Y TECNOLOGÍA

No hay desarrollo sin ciencia

Por Juan Incháustegui V. Ex ministro de Energía y Minas

En los programas de reactivación de ahora, como antes en el 2005 y en casi todos los planes de gobierno --con la sola excepción del de Valentín Paniagua-- sufrimos una ausencia grave y deplorable de toda propuesta de impulso a la innovación, la ciencia y la tecnología.

Y, lo que es peor, no escuchamos ni leemos reclamos sobre su necesidad para el desarrollo y a duras penas sostenemos como país el más pobre porcentaje de inversión en estos rubros en toda América Latina: un magro 0,16% del PBI, mientras en Brasil se destina el 1% y en Argentina el 0,5%, por no hablar de las nuevas locomotoras del desarrollo como China, donde se llega al 1,35%.

Por lo visto no entendemos aún que no hay desarrollo sin ciencia y tecnología y que así como nuestros antepasados destacaron entre sus culturas contemporáneas porque crearon la chaquitaclla y construyeron andenes y acueductos y galerías filtrantes --es decir crearon y aplicaron tecnología-- ahora nos quedaremos atrás irremediablemente rezagados si no formamos conciencia primero y educamos y promovemos a la vez la innovación, la ciencia y la tecnología. Y en ese esfuerzo, el Estado tiene, en una sociedad subdesarrollada, la obligación moral de liderar y estimular resueltamente los programas e inversiones necesarias para lograr tales objetivos.

Saltando al nivel concreto de las acciones y los ejemplos, que son a veces indispensables para clarificar y desmitificar los conceptos en cuestión, quisiéramos destacar, sucintamente, el caso del programa desarrollado por el Fincyt, que es el Programa de Ciencia y Tecnología de la Presidencia del Consejo de Ministros, financiado por el Banco Interamericano de Desarrollo en el Perú.

Este ha logrado ejecutar en menos de un año y medio un programa presupuestado en 36 millones de dólares para cinco años. Es decir, ha demostrado que en el Perú hay fuerte demanda y hay capacidad de desarrollar ciencia y tecnología. En el lapso de un año se presentaron 533 proyectos a los concursos convocados y se aprobaron 113. Y de la sola mención de sus títulos, se puede advertir el gran potencial y la importancia que pueden tener para el desarrollo del país. Citemos como ejemplo solo tres de distintas áreas del conocimiento: "Estudio de la genética del color del maíz morado y desarrollo de germoplasma", "Recuperación de la poblaciones del camarón de río" y "Enlaces inalámbricos de larga distancia en zonas rurales".

El Perú podría --debería, sin duda-- decuplicar sin ningún problema las inversiones de este programa. Y podría abrir otras muchas vertientes de promoción de la innovación, la ciencia y la tecnología. Bastaría solamente una firme decisión política para ello.

Terminemos para concluir, con palabras verdaderamente expresivas y sólidamente autorizadas esta reflexión, recordando las de uno de los más grandes científicos de la humanidad, Albert Einstein, quien en 1948 dijo: "Todos los imperios del futuro serán imperios del conocimiento. Solo serán exitosos los países que entiendan cómo generar conocimientos y cómo protegerlos. Cómo asegurar que los jóvenes talentosos se queden en el país. Los otros países se quedarán con litorales hermosos, con iglesias, con minas, con una historia fantástica, pero probablemente no se queden con las mismas banderas, ni con las mismas fronteras, ni mucho menos con un éxito económico".

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