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LETRA VIVA

A punto de volar

Por Ricardo González Vigil

Cuando murió (¡impacto que todavía nos aturde!) José Watanabe, a los 62 años, en abril (el mes más cruel para las letras peruanas) del 2007, ya había acordado con la editorial valenciana Pre-Textos editar su "Poesía completa". Magno proyecto que se ha hecho realidad póstumamente, con el esmero característico del sello que dio a conocer a Watanabe a escala grande con "La piedra alada" (2005) y "Banderas detrás de la niebla" (2006), que lo ubicó entre los poetas hispanoamericanos mejor comentados de los últimos años. Aplaudamos que para facilitar su circulación en el Perú nos entrega un libro coeditado con Ediciones El Virrey.

Bien escrito, agudo, el prólogo de Darío Jaramillo Agudelo, una de las voces hispanoamericanas más destacadas de la generación de Watanabe, está lleno de apreciaciones luminosas. Por ejemplo, la relevancia que otorga a la mirada contemplativa. Conforme han sostenido varios estudiosos, vincula "ese estado contemplativo, esa austeridad de quien solo usa del lenguaje las precisas palabras" con la poesía japonesa, en particular el haiku. Es verdad, pero no es todo: en Watanabe la condición "visionaria" no sigue el trascendentalismo, idealismo o pretensión metafísica de la lírica "moderna" alemana, francesa y, en general, europea; comulga con la materia en su circunstancia espacial y temporal, y eso no es solo lección del satori (iluminación zen) japonés, sino --y lo reconoció más de una vez Watanabe-- herencia cultural de su madre peruana y los campesinos de Laredo (con su cosmovisión andina), completando el legado la "poesía del cuerpo" de Vallejo, Eielson (que asumió el zen) y Blanca Varela.

El regalo mayor del volumen: los excelentes poemas inéditos, dignos de comentario uno por uno. Aquí resaltemos "Tres piedras blanquecinas", donde las piedras quedan "inmaculadas" (plenitud de la naturaleza) al ser "miradas sin ideas" (p. 447). Una joya genial, sobrecogedora: ¿Qué cruz buscas?", donde la cruz posee la forma del hombre "para asesinarlo", y termina entrando al cuerpo "hasta que lo subsume para darnos la paz" (alusión a su dolorosa enfermedad) para que solo queden "en el horizonte / esos maderos cruzados, / ese símbolo donde estamos todos a punto de volar" (p. 450). Y, finalmente, la carga simbólica de los tres animales denominados "Mis heráldicos" (blasones con sabor vallejiano); poética de la atención a los detalles ("El búfalo", p. 455); del deseo erótico que no puede envolver "a la que duerme / sobre la copa de todos los árboles" ("La boa", p. 455) y del sinsentido de no simplificar nuestros objetivos vitales ("El camello", p. 456).

Obra reunida
Los ocho poemarios (incluida entre estos la versión libre que hizo de la "Antígona" de Sófocles, que la convirtió en un poema dramático integrado a su original universo creador) que José Watanabe publicó entre 1971 y 2006 han sido reunidos en un volumen de más de 450 páginas. Con el añadido de nueve poemas inéditos, constituye la "Poesía completa" de este peruano que concita un creciente reconocimiento internacional. Figura un sustancioso prólogo del poeta colombiano Darío Jaramillo Agudelo.

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