ESPECIAL
Por Eduardo Arroyo
Los antiguos moradores de Lima, a la usanza prehispánica, vivían en los linderos de los valles y en las elevaciones naturales que existían dentro de ellos, dejando para uso agrícola todos los terrenos aluviales, característicos por su riqueza para el cultivo. La colonización europea cambió el patrón de asentamiento urbano ubicándolo en los conos aluviales de los valles, con lo que perdió el mejor terreno para el cultivo. A la llegada de los hispanohablantes, los yungas habían logrado, en el terreno urbano y arquitectónico, edificar aldeas, fortalezas de adobe, huacas, tambos y ciudades, así como vías camineras, obras hidráulicas, centros ceremoniales, etc.
La llegada de los habitantes de la península ibérica nos trajo un conjunto variopinto de nacionalidades: castellanos, aragoneses, vascos, andaluces, catalanes, toda una confederación de naciones que no habían logrado aún su unificación. España era solo una referencia geográfica y lo español no existía propiamente.
Escenario híbrido
Los europeos nos trajeron su mestizaje que aquí se cruzó con lo inca y las múltiples nacionalidades del territorio peruano. Lo castellano, aragonés, vasco, baturro, navarro, andaluz, catalán, moro combinado con lo inca, lo lima, lo colla, lo chanca, lo huanca. Hemos nacido y somos hijos de estas hibridaciones.
García Canclini entiende por hibridación "procesos socioculturales en los que estructuras o prácticas discretas, que existían en forma separada, se combinan para generar nuevas estructuras, objetos y prácticas. A su vez, cabe aclarar que las estructuras llamadas discretas fueron resultado de hibridaciones, por lo cual no pueden ser consideradas fuentes puras" El concepto de hibridación ha colaborado para dejar los discursos biologicistas y esencialistas de la identidad, la autenticidad y la pureza cultural".
Sostener, pues, simplistamente, que aquí han habido limeños de pura cepa, de pedigrí, de abolengo, de cromosoma y sangre azul es una aberración científica y cultural. Ante esto, Palma reiteraría burlón que "Quien no tiene de inga tiene de mandinga" y Pinglo cantaría que "Mi sangre aunque plebeya también tiñe de rojo", así que no proceden los purismos, menos aun luego de los cambios dados en la capital durante el siglo XX tras las grandes migraciones, colocan el mestizaje a flor de piel.
Ciudad mestiza
Pudimos haber dicho Lima híbrida porque el concepto híbrido es útil en general para los contactos interculturales; en unos casos señalando las fusiones raciales o étnicas denominadas mestizaje, tanto en el sentido biológico como cultural, mezcla de hábitos, creencias y formas de pensamiento europeos con los originarios de las sociedades americanas, mientras que el sincretismo hace referencia a prácticas religiosas tradicionales.
A 474 años de la fundación de la Lima española como capital del Virreinato del Perú, participamos de un vasto mestizaje, del que somos resultado. Además, si en los años 20 y 30 del siglo pasado se dijera falsamente que "El Perú era Lima, Lima el Jirón de la Unión, el Jirón el Palais Concert" y en ese entonces la capital no reflejaba al país por vivir de espaldas a él, hoy sí la ciudad primada del Perú es un crisol de razas y etnias dándose en sus suelos un frondoso proceso de hibridación, de ese mestizaje que celebrara José María Arguedas, recordándolo en este año en que se conmemora su centenario de nacimiento.
Capítulo aparte son las limeñas a las que Waldo Frank encuentra rasgos polinésicos, africanos y asiáticos al sucumbir ante sus ojos morunos, españoles, musulmanes, su gracia al hablar y donaire al caminar. Toda una leyenda ha sido esta limeña de fino corpiño y garbo al caminar. Paul Morand siente a Lima como una ciudad oriental de casas con terrazas y miradores, de bulevares floridos.
Rolando Arellano, quien estudia la sociedad limeña a partir de los patrones de consumo de las personas, encuentra --considerando hábitos y estilos de vida--, seis grandes grupos en la Lima actual: los afortunados, los progresistas, los modernos, los adaptados, los conservadores y los modestos. Lo andino cruza con su presencia la existencia en estos seis grupos. Es decir, lo andino se reencuentra con la historia de Lima, ciudad que bajo la hegemonía criolla, la había apartado de su ser, de su identidad, de sus hábitos, de sus tradiciones.