En los centros poblados de Apurímac hay muchas personas en extrema pobreza que si bien ya cuentan con DNI, no pueden pertenecer a Juntos por no haber sido censadas por el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI). Este es un requisito indispensable para ingresar al programa.
Tal es el caso de Violeta Chalco, una joven de 18 años del distrito de Mara que tiene un hijo de 3 meses. Apenas dio a luz ella quiso integrarse a Juntos, pero luego supo que eso era imposible porque su nombre no figuraba en los registros del INEI.
Para seleccionar a las mujeres de una localidad que serán las beneficiadas de Juntos, supuestamente el INEI realiza una evaluación socioeconómica a todos los hogares de la comunidad. Sin embargo, el problema es que los funcionarios de este organismo han dejado de censar a un buen número hogares porque se ubican en zonas de difícil acceso o porque simplemente los familiares no se encontraban en casa.
"Es bueno que los barridos censales estén a cargo de una oficina de estadística para que no se cometan infracciones en la elección de los beneficiarios. Sin embargo, el INEI debería tener un sistema de evaluación más eficiente para determinar el nivel de vida de los hogares registrados", reclamó Alejandro Pozo, quien agregó que hay familias que fueron calificadas como en extrema pobreza cuando en realidad no lo eran.
Además, una vez que el INEI elabora la lista con los hogares de un distrito que merecen recibir el incentivo de Juntos, este documento pasa por un proceso de validación a cargo de las autoridades correspondientes, quienes determinan si efectivamente los elegidos merecen recibir algún tipo de apoyo económico. Evidentemente, esto puede generar ciertos errores, pues, como explicó Pozo, no faltan los casos de alcaldes y gobernadores que por ganar la aprobación de su distrito validan a ciertas familias en vez de otras.
Por eso, a lo largo de Apurímac no es difícil encontrar mujeres que se quejan de no ser beneficiarias de Juntos cuando otras personas de mayores recursos sí lo son. Eufemia Ayrampo, por ejemplo, preside un comité de 21 madres del distrito de Chalhuahuacho, quienes vienen luchando para ser incorporadas al programa. "En este poblado hay favoritismos. Aquí hay familias que pertenecen a Juntos pero tienen hasta cuatro propiedades y no se les hace seguimiento", reclamó Ayrampo, mujer de 35 años que hace exactamente un año y dos meses (cuando ya se había instalado Juntos en su comunidad) dio a luz a su tercer hijo luego de 8 años de cuidarse con métodos de planificación familiar.
UN DÍA DE PAGO
También compran CD y películas
Basta que en alguna localidad campesina se realice el día de pago de los S/.100 para darse cuenta de que no siempre las beneficiarias de Juntos utilizan el dinero para comprar alimentos, ropa y útiles escolares para sus hijos, tal como recomienda el programa.
A las 10 a.m. del pasado jueves 8 de enero cientos de comerciantes se asentaron en la plaza de la comunidad de Huancascca, perteneciente al distrito de Haquira, para ofrecer sus mercaderías. Algunos vendían alimentos como tunas, cebollas y papas, pero tampoco faltaban aquellos que ofrecían ollas, envases de plásticos, maletas, discos compactos de música y hasta películas en DVD.
Al ver por primera vez este escenario cualquiera podría pensar que Huancascca es un punto estratégico del comercio en la región, pero la realidad es distinta. Maximiliano Cruz, promotor social de Juntos en Haquira, dijo que desde el momento en que se descentralizaron los procesos de pago en las comunidades del distrito (hasta agosto del 2008 estos se realizaban solo en la capital de Haquira), los comerciantes acuden a vender sus productos a estas localidades, aunque solo en los días en que en se realizan las transferencias monetarias.
Precisamente, en el día de pago del primer mes del año unas 1.300 mujeres llegaron a este centro poblado para recibir el incentivo económico de parte de funcionarios del Banco de la Nación. Pero apenas recibieron los S/.100, gran parte de las madres se apresuró a comprar enseres y otros artículos para la casa y prefirió no abastecerse de víveres o productos que podrían ser mejor aprovechados por sus hijos.
Como se puede ver, en las zonas rurales todavía hace falta realizar una mayor labor de promoción para que las beneficiarias de Juntos tomen conciencia de que el dinero que reciben debe priorizarse en gastos de educación y nutrición de sus niños.