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DEL EDITOR

¿Quién gana cuando falta el gas?

Por Virginia Rosas

La energía nuclear no gozaba de mucha popularidad entre los europeos, no solo por los miles de muertos que causaron las bombas atómicas arrojadas por Estados Unidos sobre Hiroshima y Nagasaki, sino por los accidentes que pueden producirse cuando los envejecidos reactores nucleares se estropean.

Tal fue el caso del reactor 4 de la central nuclear de Chernobyl, que el 26 de abril de 1986 sufrió una explosión que liberó 500 veces más material radiactivo que la bomba de Hiroshima. Esta es la mayor catástrofe de la historia de la energía nuclear, pues no solo murieron 31 personas, sino que 135 mil tuvieron que ser evacuadas del área afectada. Eran tiempos de la Unión Soviética, y Ucrania era una de sus repúblicas. Ante el estupor de los europeos, poco informaba Moscú sobre los efectos nefastos de la nube radiactiva que avanzaba por el Viejo Continente.

El accidente de Chernobyl fue suficiente para que, impulsados por los verdes, alemanes y austríacos, desactivaran sus reactores nucleares, pero no fue bastante para que la Unión Europea estableciera una política común en materia de energía nuclear.

La 'crisis del gas' entre Rusia y Ucrania, que se ha desatado justo en este invierno tan crudo, no ha golpeado a los 27 miembros del bloque por igual: algunos, como Bulgaria, Estonia y Polonia, se frotan las manos para calentárselas, pues sus calefactores ya no funcionan por la escasez de combustible; mientras que otros se las frotan de satisfacción, porque al evidenciarse la dependencia energética de Rusia que sufren algunos miembros de la UE, tornarán sus ojos hacia otros países , como Francia, que apenas se han visto afectados por el bloqueo ruso gracias a las reservas de energía nuclear que posee.

Un sondeo de la revista británica "Economist" demuestra que la energía nuclear ya no es la chica fea del baile: el 44% en la UE apoya su utilización, contra el 37% de hace tres años.

Nicolas Sarkozy --que si tiene una virtud es la de saltar sobre las ocasiones apenas se presentan-- está seguro de que la pulseada de Putin no servirá solo para reforzar el acendrado nacionalismo de los rusos --que no se resignan a las veleidades de Ucrania de pretender adherirse a la UE y ser miembro de la OTAN-- sino para vender reactores nucleares franceses en el mundo entero.

Ahora que el calentamiento global impulsa a buscar fuentes de energía que libren a la tierra del dióxido de carbono que perfora la capa de ozono, la energía nuclear se presenta como una alternativa más limpia y más económica, pues existen yacimientos de uranio en todas las regiones.

Aunque los ecologistas afirmen que siempre subsistirá la posibilidad de un accidente como el de Chernobyl, o que las centrales nucleares sean blanco fácil de los terroristas, la energía atómica se perfila como la campeona de la guerra del gas y con ella los países que la producen.

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