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CLÁSICOS

Recordando al curaca

En tiempos de Taulichusco. Antes de la fundación española de nuestra capital, otro era el semblante del valle del Rímac.

Al fundar los conquistadores la ciudad de Lima, era curaca de estos predios Taulichusco. La historiadora María Rostworowski indica que "era yanacón de Mama Vilo, una mujer secundaria de Huayna Cápac". La misma historiadora refiere que "Taulichusco no vivió mucho, incluso murió antes que Francisco Pizarro". En los tiempos de Taulichusco, lo que hoy es una agitada y contaminada urbe, era un frondoso valle, una sucesión de chacras donde abundaban los árboles de guayaba, de lúcuma, de pacae que los españoles derribaban a golpe de hacha o tiro de arcabuz para abrir espacio y construir sus casas.

Una eficiente red de acequias permitía el desarrollo de la agricultura, inclusive en las zonas más áridas. Lomas pobladas por venados, aves variadas y camélidos como los guanacos, entre otras especies, rodeaban los dominios de Taulichusco, que no eran muy extensos.

Anota Raúl Porras Barrenechea: "No alcanzaba a Carabayllo ni a Surco, que tenían jefes propios, ni al santuario de Pachacámac. Se concentraba al valle de Lima desde el puerto de mar de Maranga, llamado Pitipiti, antecesor del Callao, por el norte, hasta que el camino del inca entra en el valle de Chillón; por el sur hasta Armendáriz, en que partiría términos con el cacique de Surco, llamado Trianchumbi; y, por el interior, abarcaría, acaso, hasta los caseríos menores de Late, Puruchuco, Pariache y Guamchiguaylas, que ascienden a la sierra. El área de atracción y de influencia de la aldea india de Lima era, pues, pequeñísima".

EL CANON DE
4Hildebrando Pérez. Poeta y catedrático de Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos
1. Don Quijote
Miguel de Cervantes
Es la novela que he leído más veces, y siempre la encuentro diferente y por eso me provoca leerla nuevamente.

2. En busca del tiempo perdido
Marcel Proust
Los sentimientos encontrados, el aire de nostalgia y el aliento poético de esta novela para mí son inagotables.

3. Los ríos profundos
José María Arguedas
Cada vez que busco mi pertenencia al mundo andino, abro sus páginas y descubro mi patria más íntima.

4. Obra poética
César Vallejo
Es el poeta con quien más converso, con quien más discuto, a quien más oigo, en medio de los ruidos horrísonos de nuestros tiempos.

5. Escrito a ciegas
Martín Adán
Pertenece a la banda de los imperdonables, de los maravillosos imperdonables. Su poesía nos ciega y nos ilumina.

6. Obra poética completa
Fernando Pessoa
Admiro su versatilidad, la forma tan fácil aparentemente de cambiar de piel, de registro, de tono, de voz.

7. La carta del Che a Quijano
Ernesto Guevara
Este texto para mí no ha perdido vigencia. En mis noches oscuras la leo hasta esperar la luz del sol.

8. Tristes trópicos
Claude Lèvi-Strauss
Con delectación casi perversa, a mí también me gusta decir: "Odio los viajes y los exploradores. Y he aquí que me dispongo a...".

9. La realidad y el deseo
Luis Cernuda
Me hubiera gustado escribir algunos de sus poemas. No es sombrío como dicen, pero leerlo no es una fiesta.

10. El cazador oculto
J.D. Salinger
Con esta novela me explico a mí mismo algunos de mis arrebatos que para otros son incomprensibles.

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