Por David Hidalgo Vega
A las seis de la mañana del miércoles 5 de diciembre de 1928 una multitud se apretujó en la plaza Grau, en el Callao, para recibir al primer presidente estadounidense que visitaba el Perú. Herbert C. Hoover, entonces mandatario electo de su país, hacía una gira por Sudamérica a bordo del buque Maryland. Su llegada desató una euforia poco usual en tiempos anteriores a las exaltaciones mediáticas. Las baterías de la Escuela Naval lo saludaron con una salva de 21 cañonazos, todas las naves de la bahía estaban empavesadas en su honor. "En las horas amargas de la reciente guerra mundial, vuestra estupenda capacidad organizadora dio subsistencias a los países de Europa", le dijo el canciller Pedro José Rada y Gamio, en un discurso de bienvenida. Una hora después era recibido en Palacio de Gobierno por el presidente Augusto B. Leguía.
Hoover era un filántropo metido a la política. Su visita, un episodio casi olvidado por aquí, ayudó a temperar las relaciones entre Perú y Chile, aún ardientes tras la Guerra del Pacífico. Un año después, en 1929, un tratado pondría fin a las disputas. En paralelo empezaría la Gran Depresión, esa feroz crisis económica que arruinó su mandato.
UN 'VICE' EN LIMA
A Richard Nixon se le atribuye una frase que podría ser la mayor profecía de un presidente estadounidense: "Hay una cosa sólida y fundamental en la política: lo que hoy está arriba, mañana está abajo". Lo comprobó muchas veces al superar derrotas políticas antes de su momento de gloria. Una pudo ser en Lima, adonde llegó el 1 de mayo de 1958. Ese día El Comercio saludó las tesis que iba exponiendo en su gira sudamericana. "Richard Nixon es fundamentalmente un hombre económico, para quien la fuente más productiva del progreso es la empresa privada", dijo la portada de este Diario. A la mañana siguiente, un grupo de estudiantes apristas y comunistas le impidió a pedradas el ingreso a la Casona de San Marcos. Nixon recibió muchas muestras de apoyo a su paso por Lima, pero ese incidente marcó el imaginario de su visita.
VISTAZO DEMÓCRATA
El presidente Jimmy Carter llegó en un momento crucial: el proceso electoral de abril del 2001 que terminaba con la transición tras la dictadura fujimorista. Su presencia, a nombre del Instituto Nacional Demócrata y del Centro Carter, garantizaba una mirada imparcial y directa: el ex mandatario no tuvo reparos en calificar de fraudulentas las elecciones que un año antes habían beneficiado a Alberto Fujimori. Tampoco para declarar que el entonces prófugo debía regresar de su refugio para responder por sus acciones. Tras varios días de encuentros con líderes de todas las tiendas políticas, el domingo 8 de abril recorrió diversos centros de votación de Lima. A su juicio, fue "un proceso electoral normal".
PADRE E HIJO
Entre ambos, suman tres visitas al país. En 1997, ya fuera del gobierno, George Bush padre llegó para poner la primera piedra para la fastuosa sede de un banco. Cinco años más tarde, en marzo del 2002, el también republicano George Bush hijo llegó para firmar acuerdos y una alianza contra el terrorismo. Su visita ocurrió dos días después de que una bomba en el centro comercial El Polo reavivara el terror en el país, que lo recibió con calma. Bush volvió el año pasado, en una de sus últimas giras como gobernante. La próxima podría ser de un demócrata.