Por Mario Fernández. Periodista
Si algo tienen que demostrar hoy sobre el verde del estadio de Maturín los jugadores de Tito Chumpitaz --entre otras correcciones--, es que no pueden volver a sorprenderlos. Creo que han tenido 48 horas desde Ecuador para crecer: en actitud, para que no nos marquen dos goles en los primeros 22 minutos, y en altitud, para que esos goles no lleguen de centro bombeadito y de cabeza.
Tras la caída en el debut no sé si podría refugiarme en el argumento fácil de decir que la derrota fue digna o indigna. No me gusta esa palabrita. Menos cuando un torneo como este Sub 20 es tan corto y difícil. Menos cuando llegas con entusiasmo de campeón y te vas a dormir con tristeza de equipo eliminado tan pronto.
Me atrevo a señalar que fue indigna porque no se jugó bien. Es más, jugó solo uno, Manco. Al resto le faltó minutos de fútbol, o trabajo, o un grito desde el banco. Pedro Canelo, nuestro enviado especial, escribía ayer que el equipo de Tito parecía partido de nacimiento.
Seguro, pero igual creo. Solo hacen falta ganas de ganar.