Por: Juan Paredes Castro
El asesinato de dos jóvenes suboficiales desarmados, irresponsablemente llevados como carne de cañón a manos de criminales invasores de tierras, en el Bosque de Pomac, en Lambayeque, no tiene hasta hoy un responsable político. Y es posible que no lo tenga por mucho tiempo. ¿No estamos acaso en el reino de la impunidad?
Sin embargo, el más llamado a responder a esta pregunta, el ministro del Interior Remigio Hernani, ha salido a decir que "hasta al presidente (estadounidense) Kennedy lo mataron" y que por lo tanto deberíamos entender que los muertos de Pomac están pues muertos y punto.
Para Hernani, por lo visto, estas no son desgracias que se pueden evitar. Son desgracias dictadas por algo así como el destino o por fuerzas tanto o más poderosas que el magnicidio aludido.
¿Cuál sería la comparación histórica que Hernani podría hacer de la incompetencia de su sector en el manejo de la invasión de Pomac?
No es la primera vez que el país redescubre, con estupor, el desamparo en que vive en materia de seguridad, y el frío cinismo con que el ministro del Interior de turno no solo nos recuerda que para evitar el espionaje telefónico tenemos que ser más discretos en nuestras conversaciones sino que para no ser víctimas de las bandas criminales debemos tomar nuestras propias previsiones.
En suma, no ser descuidados como los suboficiales muertos en Pomac, que si no tuvieron armas al momento de enfrentar a sus agresores es porque no se les ocurrió comprarlas.
A lo que nos está invitando el imaginativo e ingenioso señor Hernani, para ahorrarle la renuncia, es a que al salir de nuestras casas no olvidemos de portar nuestro chaleco antibalas, que al entrar y salir de un banco no lo hagamos para dejar dinero ni para retirarlo y que si no deseamos ser asaltados en un ómnibus interprovincial tomemos la sencilla decisión de no abordarlo.
El ejemplo que ha dado el general José Ubaldo Aliaga, jefe de la Segunda Dirección Policial de Chiclayo, asumiendo sus responsabilidades funcionales y poniendo su cargo a disposición, lamentablemente no es un ejemplo que vaya a seguir, en el nivel político, un ministro del Interior que parece no haberse percatado que no puede ocuparse de la seguridad interna del país con el 10% de información de inteligencia y con un 90% de hígado contra todo lo bueno que dejó la gestión del general Octavio Salazar.
Nuestro país no solo necesita una explicación gubernamental responsable respecto de lo acontecido en Pomac. Necesita ver y sentir correcciones y sanciones que le devuelvan la confianza perdida.