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VERSUS. DOS PUNTOS DE VISTA OPUESTOS SOBRE EL ¿POLÉMICO? HECHO DE LLEVAR CLASES EN EL VERANO

Yo estudio y me relajo, yo descanso sin estrés

Por Fernando González-Olaechea / Katherine Subirana

Esto no es una apología a la vagancia. Es una revisión del paradigma sobre "cómo no perder el tiempo".

No se trata de que las clases en verano sean lo peor, pero ciertamente no son lo mejor. Llevar clases en verano supone no tener vacaciones. No tener tiempo libre, no descansar, no cambiar de actividad. Todos merecemos tomar un receso. Si no fuera así, no existirían las vacaciones y la universidad dictaría cursos todo el año de manera ordinaria y no como lo hace en verano, de forma "extraordinaria".

Si llevas un curso que jalaste, lo estás llevando en vacaciones, prescindiendo de tu tiempo de descanso como una forma de penitencia. La penitencia, en todo caso, debería ser alargar la carrera o llevar un ciclo regular más apretado. Eso sí: igual te va a costar plata.

Si el curso de verano se toma para adelantar el programa de estudios, para ganar tiempo, para estar un paso adelante de los demás, entonces hay otro asunto que considerar: se trata de un curso que dura menos de la mitad de lo que normalmente dura en un ciclo regular. Esto quiere decir que es posible que no se toquen ciertos temas, o que se haga de manera superficial.

Además, existen, por lo menos, tres factores de distracción: el calor (considerable a pesar del eventual aire acondicionado); el hecho de que no siempre los mejores profesores son los que se encargan de dictar estos cursos; y una vida universitaria muerta y paradójicamente fría (en contraste con la temperatura). Considerando eso, puede que el resultado no sea el esperado. Es decir, si el curso de verano se tomó para ser más competitivo, quizá no sea ese el efecto, si no se logra una comprensión de los temas igual a la que se tendría en el ciclo regular.

En lugar de estudiar mediocremente durante casi todo el año, es mejor hacerlo duro y parejo en los ciclos regulares y disfrutar el verano como se debe: con un vaso de limonada helada en el calor de febrero.

ESTUDIO Y ME RELAJO
Luego de pasar todo un año en las aulas, no dan ganas de seguir en ellas durante los meses de vacaciones, en que la playa, el sur y el relajo nos seducen de la manera más impune, sublime y perversa. Sin embargo, llevar un par de materias en esta temporada no excluye la posibilidad de pasar un verano memorable.

Seguir cursos de verano no es equivalente a una tortura. Es la chance para adelantar algunos de ellos y tener un semestre más tranquilo, teniendo en cuenta que muchos estudiamos y trabajamos, y el ritmo normal de clases siempre es complicado, agotador. Es la oportunidad para pasar ese curso que te puso un rojo en el récord académico, y no tener que llevarlo después, en cuatro largos meses.

La cosa no es dramática, pues no tienes que tener la misma carga que en un semestre natural (cuando llevas cinco, seis o hasta siete cursos), sino uno o dos, máximo, que no te complicarían la vida y te ayudarían, además, a no soltar el hilo de las materias que te preocupan, o que te gustan.

Es más, si en el ciclo normal esperas con ansias el fin de semana para salir a relajarte en una discoteca, ahora el fin de semana te espera con sol, arena y mar para relajarte a tus anchas.

Asistir a clases en menos fechas no implica necesariamente llevar mal el curso. Si en un semestre normal, siempre tienes el problema de los profesores que faltan, de las clases que pierdes, de trabajos que a veces consideras innecesarios, los ciclos de verano suelen ahorrarte esos inconvenientes.

Por último, tú escoges qué cursos quieres adelantar: uno muy difícil que quizás llevándolo en forma 'intensiva' aprobarás con más facilidad, o uno muy fácil, porque prefieres llevar los cursos 'importantes' en el semestre.

Llevar ciclo de verano no es precisamente combatir la vagancia ni malograr las vacaciones. Tampoco es exclusividad de los 'chancones'. Es una buena ocasión, que no habría que estigmatizar.

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