LA COHESIÓN SOCIAL ALREDEDOR DE LOS SANTOS
Por Véronique Lecaros. Teóloga
La doctrina oficial católica considera a los santos como modelos dignos de veneración intercediendo por nosotros; y a epifanías como el Señor de los Milagros o apariciones de la Virgen como signos de lo Alto, mereciendo nuestra devoción. Pero, además, ambos son objetos de orgullo nacional, potentes factores de cohesión social.
Los santos y epifanías no escasean en España, pero en Madrid, a final de octubre salen tres procesiones multitudinarias del Señor de Pachacamilla, organizadas por tres cofradías (¡ay, de la desunión de nuestros compatriotas!). Estas manifestaciones de fervor popular reciben entusiasta apoyo del Vaticano, España y Perú. La iglesia trata de evitar que inmigrantes se alejen de la fe de sus padres en un país donde la secularización avanza vertiginosamente. Autoridades españolas reconocen que inmigrantes insertados en sus comunidades son personas bien ubicadas y productivas, además representan votos baratos para alcaldes patrocinadores de estos eventos. Embajadores y cónsules peruanos asisten a estos actos so pena de ser declarados persona-no-grata por su comunidad. Actualmente, toda ciudad con colonia peruana cuenta con hermandad del Señor de los Milagros. Con el aumento de inmigrantes provincianos se forman cofradías dedicadas a la Virgen de la Puerta, Virgen de Chapi o San Martín de Porres.
El Vaticano, consciente del peso de los católicos latinoamericanos, la mitad de sus huestes, valora ahora el impacto positivo del nacionalismo religioso. La Virgen de Guadalupe que reúne a 6 millones de fieles en su santuario en diciembre, fue proclamada durante la visita de Juan Pablo II en 2000, reina de México y emperatriz de América y a pesar de las controversias, canonizó al vidente indio Juan Diego. En Guatemala, canonizó a San Pedro Betancur, primer santo de este país que cuenta con gran cantidad de evangélicos. En 2007, en presencia de Benedicto XVI y un millón de fieles, Brasil tuvo a su primer santo, Frei Galvao. Chile siempre nacionalista, tiene ahora en todas sus iglesias imágenes prominentes de Santa Teresa de los Andes y San Alberto Hurtado canonizados en Roma, en ceremonias a las cuales asistió el entonces presidente de la República. El Perú desde antaño estuvo bien provisto en santos. Últimamente, solo subió a los altares Ana de los Ángeles beatificada por Juan Pablo II con gran regocijo de arequipeños.
Un proceso de canonización necesita aprobación del cielo con dos milagros, igualmente empeño administrativo y dinero para encuestas y viajes a Roma. ¿Cuándo tendremos un santo 'cholo' del cual nos podamos enorgullecer? Por el momento, el proceso de la beatita de Humay está empantanado, ni hablar de otros personajes populares como la Melchorita, ambas iqueñas de origen andino.