Por Enrique Planas
Algo ha sucedido en estos años. Si en los años setenta y ochenta, una radicalizada generación de teatreros señalaba con dedo acusador al director Osvaldo Cattone por ofrecer en el resistente teatro Marsano obras de entretenimiento ligero y musicales poco comprometidos, hoy, cuando la gran apuesta del teatro local tiene que ver con obras de parecido perfil, el director no deja de sorprendernos cada cierto tiempo con montajes arriesgados y desafiantes. Sin duda, ahora que las productoras de teatro apuestan por fórmulas parecidas para consolidarse como industria, hace falta barrer aquella gruesa hojarasca de prejuicios y poses que pretendió por años ubicar a Cattone en el rincón del teatro burdamente comercial.
Y decimos esto a propósito del más reciente montaje que el director lleva a escena en el Marsano: "Gorda", obra reciente del dramaturgo estadounidense Neil LaBute, autor conocido como uno de los príncipes de Off Broadway, así como por la lucidez con que lleva a escena las relaciones humanas.
Inquietante y cruel, amoral y honesta, "Gorda" desarrolla un argumento sencillo y sin mayores vueltas: Fuera de su fría oficina, en un 'fast food' uno de los gerentes (Sergio Paris) descubre a una encantadora bibliotecaria (Mónica Torres). La comodidad que sienten ambos juntos los lleva a embarcarse en una relación que, debido al peso de la mujer, el protagonista intentará esconder de su mundo de colegas y secretarias. Sin embargo, el peso del compromiso en las relaciones disparejas no tardará en evidenciarse.
Se desarrolla así una muy tensa relación actoral entre dos pares opuestos. Por un lado, la pareja protagónica y, por otro, dos colegas de la oficina que, sea por despecho amoroso o por abierta misoginia, no dejarán de cuestionar la relación. Lo que desde un comienzo se nos presenta como una comedia cínica y negra, va lentamente sacando los dientes hasta revelarnos cómo todos formamos parte de ese sistema discriminador. Nuestras primeras risas volverán luego contra nosotros. Cattone aprovecha todas las posibilidades del escenario del teatro para llevar a la pareja de amantes lejos de la gris oficina donde el sistema revela todos sus mecanismos de segregación. Excelente trabajo de dirección artística de Chalo Gambino para sorprendernos con la diversidad de los espacios de la acción, especialmente aquella neoclásica habitación de hotel donde Torres y Paris revelan tanto sus pasiones como sus miedos.
Echándonos en cara nuestra debilidad para enfrentar la frivolidad social y ese clasismo consolidado en el país, Cattone escoge en este montaje el camino del riesgo y la denuncia. Vale.