9:13 | A la crisis del Gobierno se le suman los problemas con la basura en Nápoles y las dificultades económicas de la aerolínea Alitalia
Roma (DPA).- Italia se encuentra inmersa en un terrible panorama de fragmentación política: la crisis gubernamental desencadenada hace diez días, una vez más, en Roma demuestra la urgencia con la que necesita el país una completa reforma electoral que devuelva la capacidad de acción a un país que tuvo más de 60 gobiernos de posguerra.
Mientras continuamente siguen apareciendo nuevos partidos y otros vuelven a desaparecer, Italia lucha con problemas como las montañas de basura en Nápoles, su imagen de "enfermo de Europa" y por la supervivencia de la aerolínea en crisis Alitalia, así como por combatir a la mafia y seguir creciendo.
Con nada menos que nueve partidos, Romano Prodi construyó hace 20 meses su Gobierno de centro-izquierda. Débiles mayorías en el Senado y disputas internas provocaron que la administración del primer ministro cayera y obligó a que el pasado 24 de enero tuviera que presentar su renuncia.
El pequeño partido Udeur dio portazo a la coalición, entre otras cosas porque el jefe del partido, Clemente Mastella, teme quedarse sin poder ante una reforma del derecho electoral con una cláusula de bloqueo y un bono a favor de los grandes partidos con más votos.
El presidente italiano, Giorgio Napolitano, tuvo que consultar a 20 partidos en la difícil búsqueda de una solución para sacar al gobierno italiano de una nueva edición de su crisis y ha pedido tiempo para solucionar el problema.
Mientras tanto, el jefe de la oposición, Silvio Berlusconi, piensa acudir con dos listas a la próxima batalla electoral italiana. Hace meses fundó el nuevo Partido del Pueblo para la Libertad junto a su actual Forza Italia, sin dejar claro cómo actuará con dos formaciones.
Y también el alcalde de Roma, Walter Veltroni, siempre defensor de la reforma electoral, plantó con su Partido Democrático otro árbol en el paisaje de partidos, que resultó bastante robusto.
De esta forma, la por poco inescrutable jungla de partidos podría seguir impidiendo al miembro del G8 ser un país gobernable hasta que no se aplique el machete de la reforma.