14:02 | Las fuerzas armadas iraquíes intentan contener a la milicia en la sureña ciudad, donde se encuentran las mayores reservas petroleras del país
El Cairo (DPA).- El primer ministro iraquí, Nuri al Maliki, quiere llevar la calma al sur de Iraq mediante una ofensiva contra los "elementos que se encuentran fuera de la ley". Bajo la protección de las fuerzas aéreas británicas, policías y soldados iraquíes buscan la confrontación con los milicianos del Ejército del Mahdi, la tristemente célebre milicia del movimiento del joven clérigo chiita Muktada al Sader.
Lo que públicamente se vende como un intento del Estado de eliminar a las milicias y recuperar el control de Basora resulta ser, al observar más de cerca, un nuevo episodio de lucha de poder entre partidos chiitas iraquíes. Cada partido no solo tiene milicias que aseguran su poder, sino también clérigos religiosos que los apoyan.
El Ejército del Mahdi, cuyos miembros proceden sobre todo de los barrios pobres, es solo uno de los varios grupos armados que se financian mediante la corrupción, el robo y la extorsión con rescates. Lo que le diferencia de otras milicias chiitas es sobre todo el hecho de que eventualmente también atacan a las tropas estadounidenses, según los observadores.
"Cuando en algún lugar se comete un asesinato o se secuestra a un civil inocente se dice siempre que fue el Ejército del Mahdi", explicó un sunita de Bagdad que se siente amenazado por las milicias chiitas. "Creo que existen también otras milicias y criminales que participan en asesinatos y secuestros y que achacan sus crímenes al Ejército del Mahdi".
Los partidos chiitas que concurrieron conjuntamente a las elecciones parlamentarias de diciembre del 2005 como una Alianza Chiita siguen ya desde hace tiempo caminos separados.
Pero hasta ahora los representantes del Movimiento de Al Sader, el partido Dawa de Al Maliki, el Consejo Supremo Islámico de Iraq (SICI) y el partido Fadhila, fuerte sobre todo en el sur del país, evitaron hablar públicamente de su sangrienta "lucha fraticida". Al fin y al cabo les une un único pasado: todos fueron perseguidos por el régimen del sunita Saddam Hussein.
Sin embargo, el partido de Al Sader rompió esa petición de silencio la semana pasada. Uno de sus representantes más prominentes se quejó públicamente de que las milicias del SICI, conocidas como las "brigadas de Badr" intentaban conjuntamente con los combatientes del partido Dawa arrinconar a los miembros de Al Sader en la provincia.
Fuera del control de las fuerzas de seguridad y la administración provincial existe otro factor que desempeña un importante papel en la lucha de poder de los chiitas: el petróleo. En la sureña Basora y en la norteña Kirkuk, que en el pasado cayeron cada vez más bajo influencia de partidos kurdos, se encuentran las grandes reservas de petróleo del país. Y el movimiento de Al Sader culpa a otros partidos chiitas de participar en el contrabando de petróleo en el sur del país.