11:17 | Conmovidos por la catástrofe, miles de personas siguen donando dinero, sangre o llegan a la zona del desastre para socorrer a las víctimas
Beijing (DPA).- El terremoto en el suroeste de China desató en el país una ola de disposición a ayudar y activismo desconocida hasta el momento: voluntarios llegan a la zona del sismo para socorrer a las víctimas; un club automovilístico integrado por ciudadanos ricos compra alimentos, agua potable y medicinas para llevárselas a los que se quedaron sin techo; la gente hace cola para donar sangre y cientos de millones de yuanes (unidad monetaria china) se reunieron tras las donaciones de ciudadanos privados y empresas.
Hasta los niños donan su propina y se dice que incluso un mendigo sacrificó 100 yuanes (unos 15 dólares) de ahorros en solidaridad con las víctimas. Una mujer da el pecho en un albergue de emergencia a otros bebés que perdieron a sus madres y miles de parejas se han declarado dispuestas a adoptar niños huérfanos.
Una amplia cobertura mediática que ha traspasado fronteras llevó la tragedia china directamente a los hogares de la población mundial. "La información las 24 horas del día ha afectado a las personas", cuenta la agente de publicidad de 24 años Sky Wang. "Bloggers, noticias cortas por SMS y el chat desempeñaron también un gran papel", explica.
Los taxistas llevan productos de ayuda y los comerciantes envían pasta precocinada. Incluso un grupo de autoayuda de granjeros infectados con el virus del sida ofrece colaboración. "Nuestra sangre es mala, pero pudimos enviar algo de dinero", citó el diario "China Daily".
Valientes periodistas chinos pasaron por encima de las indicaciones de la censura en las primeras horas tras el sismo y acudieron a la región, forzando la transparencia. El propio jefe de gobierno Wen Jiabao voló de inmediato a la zona.
La dimensión de la catástrofe fue tan grande que la maquinaria propagandística hizo virtud de la necesidad y puso en el centro de atención al primer ministro y al Ejército popular chino. También formaba parte de ello mostrar el sufrimiento de las víctimas que lloraban y se lamentaban ante la cámara.
Sin censura
Incluso se habló de un tema controvertido, como fue el derrumbamiento de escuelas por las deficiencias en la construcción, aunque se hizo de forma limitada y la transparencia no llegó tan lejos. Sin embargo, Beijing ordenó de inmediato una investigación.
"La velocidad de las comunicaciones ayudó a la gente a enterarse de la situación real en la zona de la catástrofe", comentó la comerciante de 24 años Xiao Ya. "Las imágenes y las películas conmovieron mucho a la gente. Al compararlo con la reacción en Birmania (Myanmar) tras el ciclón, me siento orgullosa de China", opina Sky Wang.
También se formaron otros grupos medioambientales y de protección de la naturaleza que se ocupan de los problemas sociales pero que son controlados y observados con desconfianza por parte del Gobierno. Son los comienzos de una sociedad civil a la que se le pusieron fuertes límites.
La nueva disposición a ayudar no se debate sin orgullo: China se ha sorprendido a sí misma. La sociedad china reconoce que la compasión entre los chinos normalmente solo existe entre parientes o amigos. Pero de repente donan a extraños, sintiendo un nuevo y fraternal sentimiento nacional. "Estoy orgulloso de China", se oye con motivo de esta espontánea ayuda.
Tras mostrar un nacionalismo incomprendido tras los disturbios en el Tíbet y los accidentes al paso de la antorcha olímpica, casi dirigido al exterior con maldad, China demuestra ahora en la catástrofe que su nacionalismo también tiene una parte humana y compasiva.