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La sonda de investigación espacial se apresta a llegar a Marte

21:06 | Se prevé que la nave llamada Phoenix, lanzada al espacio el 4 de agosto del 2007, llegue este domingo al planeta rojo

Pasadena (Reuters) - Una sonda espacial diseñada para realizar las primeras mediciones directas de agua en otro planeta inició el sábado su aproximación final a Marte, aumentando la esperanza de descubrir si el vecino de la Tierra genera la química correcta para que haya vida.

Antes de que la nave, llamada Phoenix, pueda extraer muestras de hielo para analizar, primero debe aterrizar de manera segura, una posibilidad que está dando a los equipos de control de vuelo y científicos una gran preocupación.

Se prevé que la sonda llegue el domingo al planeta rojo.

"Esta no es una cuestión fácil, debo decir. Nos estamos jugando todo en un aterrizaje seguro y no podemos hacer nuestras tareas científicas sin eso", declaró el científico Peter Smith a los periodistas en el Jet Propulsion Laboratory de la NASA en Pasadena, que supervisa la misión.

"Estoy nervioso", agregó Joe Gunn, encargado de misión en Phoenix. "Estoy sufriendo un verdadero caso de nervios".

Estados Unidos ha realizado cinco aterrizajes exitosos en Marte de un total de seis, pero históricamente el 55 por ciento de todas las misiones a ese planeta han fallado.

Phoenix ha tenido un viaje relativamente bueno desde que fue lanzada al espacio el 4 de agosto del 2007, pero su misión más desafiante aún está por venir.

Después de viajar 680 millones de kilómetros, Phoenix debe transformarse de una nave que se traslada a 20.300 kilómetros por hora a una estación científica inmóvil sobre la región polar norte de Marte.

La transición debe suceder rápida y coordinadamente. Catorce minutos antes de aterrizar, Phoenix debe despojarse de componentes clave usados durante su travesía espacial, incluyendo sus sistemas de propulsión y comunicación, cuando se prepare a penetrar en la atmósfera de Marte.

Siete minutos antes de posarse sobre la superficie marciana, la nave tocará la atmósfera del planeta, donde la fricción comenzará a frenarla lentamente. Durante el descenso, un escudo absorberá buena parte del calor, generando en ese proceso energía suficiente para iluminar una ciudad.

Cuando Phoenix alcance una velocidad de unos 1.800 kilómetros por hora, lo que en la atmósfera de Marte es cerca de 1,5 veces la velocidad del sonido, su paracaídas debe abrirse. En rápido orden, se deshacerá del escudo de calor, se desplegarán y abrirán tres patas para posarse en la superficie y el casco de la nave se desprenderá.

Finalmente, 12 pequeños cohetes propulsores se encenderán para que Phoenix baje a unos ocho kilómetros por hora y la guiarán hasta la superficie.

Los controladores de vuelo, a 275 millones de kilómetros de distancia, no podrán hacer nada si Phoenix encuentra problemas. A esa distancia, las señales de radio que viajan a la velocidad de la luz tomarían 15 minutos para llegar a la Tierra. "No hay una segunda oportunidad", dijo Smith. "Ese es nuestro destino".

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