8:35 | Una ruta que combina comodidad aventura y que va desde el abra del Salkantay y hasta el bosque nuboso
Por María Helena Tord
Fotos: Musuk Nolte
Partimos hacia Mollepata, un tranquilo poblado a unas tres horas de la ciudad del Cusco, desde donde se llega hasta el mirador del Salkantay.
Nosotros continuamos por una hora más en busca hacia el primer albergue, en donde las montañas son cada vez más altas y el paisaje se torna de un verde vivo. Doblamos en una curva y como camuflado entre la ladera aparece el primer albergue: una construcción en piedra, estratégicamente ubicada frente al Salkantay y al Humantay, montañas nevadas que superan los 5.900 metros sobre el nivel del mar.
El primer día comienza con una corta caminata a una pequeña laguna de aguas turquesas coronada por uno de los glaciares de la cordillera del Vilcabamba, donde reina un profundo silencio interrumpido solo por el sonido del agua al llegar a la orilla y que cubre las piedras.
Este lugar está dominado por el turquesa de sus aguas, que contrasta con el blanco de la nieve y el intenso celeste del cielo serrano.
Antes de emprender la ruta, el guía nos había advertido que era un lugar donde provoca quedarse a vivir. Maravillados con lo que habíamos visto, retornamos al albergue.
ACOGEDORA PARADA
De regreso al refugio, presenciamos un panorama que parecía totalmente surrealista: frente al lugar, nuestros compañeros de viaje estaban tranquilamente conversando en un jacuzzi al aire libre desde donde el calor de sus aguas producía un tenue vapor. Detrás de ellos, las estáticas montañas nevadas hacían de marco de fondo de este increíble panorama. Sospechamos entonces que durante el viaje nos esperarían muchas sorpresas.
Cómodas habitaciones y una exquisita comida preparada para nosotros en las inhóspitas llanuras al pie del Salkantay, a más de 3.000 metros. Este es un mérito que no dejamos de tomar en cuenta, y para nuestra mayor sorpresa fue un servicio de lujo constante durante toda la travesía.
CRUZANDO EL ABRA
Partimos de Soray bien equipados y luego de un sustancioso desayuno todos estábamos listos para caminar, desde una entusiasta pareja que bordeaba los sesenta años hasta una enérgica y atlética kinesióloga de origen oriental de treinta años. Y es que en esta caminata de lujo todo está resuelto: el tiempo de los trayectos no superan las cuatro horas y se hacen lentos, pero seguros.
Este es el lema de nuestro experimentado guía, Pepe Noriega, quien lleva cerca de treinta años por los caminos más inhóspitos de nuestro país. Tiene esa combinación de locura y buen estado físico que lo llevó a seguir este singular oficio, y que con los años ha mejorado su convicción hacia esta intrépida labor.
Mientras nos comenta sobre los gajes del oficio, vemos un cartel que nos indica que estamos entrando a Salkantay Pampa, a 4.200 m.s.n.m. donde nos acompaña siempre imponente esta montaña. Según nos comentan, su traducción es el indomable y como saben muy bien los andinistas, solo muy pocos han logrado llegar a su cumbre. Cuentan que una expedición japonesa ha llegado a dominarla, por ello hoy en día hay incluso una pampa denominada japonesa. El Salkantay es conocido por sus constantes e impredecibles avalanchas que se han llevado a varios escaladores.
EL INDOMABLE
Luego de una inclinada pendiente llegamos al abra del Salkantay, donde un cartel y las apachetas (marcadores de piedra) colocadas por los viajeros nos indican que estamos a 4.549 m.s.n.m. Miramos a nuestro alrededor y parece que estamos muy cerca de tocar la nieve. Logramos llegar a ver la otra cara del nevado Tucarhuay, al fondo el Pumasillo, a 6.100 m.s.n.m. y otros nevados de la cordillera del Vilcabamba.
Continuamos la caminata, esta vez en bajada, y con el paisaje cambiando a cada paso. Observamos cómo los nevados de Vilcabamba nos muestran una cara diferente. De repente, luego de unos minutos de haber empezado el descenso, llega hacia nosotros un exquisito aroma a comida casera. A unos metros aparece una mesa de mantel largo servida para nosotros que nos espera con una sopa caliente y un sabroso pollo con champiñones.
ENTRADA AL BOSQUE
A partir del Wayraccmachay, el segundo albergue, dejamos atrás la presencia del nevado Tucarhuay para adentrarnos en el bosque nuboso.
Comienzan a aparecer las orquídeas, las mariposas, los frondosos árboles y las caídas de agua se cruzan por los senderos naturales.
El paisaje, cada vez más verde, se apropia de las montañas. El cruce del río Santa Teresa nos anuncia la llegada al albergue de Collpapampa, donde nos reciben con una sabrosa pachamanca.
Por la noche se encienden las luces del jacuzzi y contamos las estrellas fugaces bajo un impresionante cielo estrellado. Reconocemos las constelaciones andinas como la llama y admiramos una vez más maravillados lo que habíamos dejado de ver en nuestras citadinas vidas.
Continuamos el viaje hacia el bosque hasta tomar el Camino Inca que nos conduce al complejo de Llactapata, punto de control inca, una especie de tambo desde donde logramos divisar el Huayna Picchu y las andenerías de Machu Picchu. El destino final será el Santuario Inca.
Luego de siete días, repensamos el viaje y nos percatamos de que hemos atravesado nueve biozonas, desde la cordillera de Vilcabamba por el bosque nuboso hasta la majestuosa Ciudadela Inca.
Pepe, nuestro guía, nos señala orgulloso el trayecto recorrido y miles de imágenes y sensaciones nuevas se nos vienen a la mente. Nos parece increíble que solo hayan pasado unos días. Aún nos espera la visita a Machu Picchu para concluir con el viaje perfecto.
ALLÁ VAMOS
Cómo llegar: Las caminatas parten del poblado de Mollepata, ubicado a tres horas del Cusco.
Mountain Lodge: Página web: www.mountainlodgesofperu.com. Lima: (511) 421-6952. Cusco (084) 243-636. El paquete incluye todo, desde la salida del Cusco hasta el retorno al mismo, transportes, alojamientos, comidas, piqueos y bebidas no alcohólicas.
Otras agencias: Es posible también realizar la caminata Salkantay-Machu Picchu pernoctando en carpas a través de agencias como Explorandes, Qente (www.qente.com), Mayuc ( www.mayuc.com ).