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El príncipe de los ochenta cumple cincuenta años

10:54 | Prince acaba de apagar medio centenar de velas, motivo suficiente para recordar sus mejores discos

Por Francisco Melgar Wong

Quién no se ha topado alguna vez con esos discos que, con una estridente calcomanía en la portada, advierten: "Parental Advisory. Explicit Content". Moneda corriente en las tiendas de discos del mundo entero, el célebre anuncio (que en español quiere decir "Advertencia a los padres: contenido explícito") fue instaurado hace veintitrés años por Tipper Gore (sí, la esposa de Al) después de encontrar a su hija adolescente Kareena cantando una canción que, entre otras cosas, decía "I knew a girl named Nikki/I guess you cuold say she was a sex fiend" ("Yo conocí a una chica llamada Nikki, podríamos llamarla un demonio del sexo").

La atrevida canción, cuyas consecuencias aún se aprecian en los estantes de las discotiendas, se llamaba "Darling Nikki", y había sido producida, arreglada, compuesta e interpretada por un menudo afroamericano llamado Prince Rogers Nelson, más conocido en el mundo de la música pop como Prince.

Una mente sucia y brillante
Educado musicalmente en los años 70, bajo el estimulante influjo de la violencia callejera del punk, la extravagancia funk y el hedonismo disco, Prince conservó los mejores excesos sonoros y visuales de esa década para recrearlos en la conservadora industria musical de Estados Unidos de Reagan y Bush. El primer triunfo de su carrera llegaría con "Dirty Mind", un disco cuya portada presenta al músico vistiendo un reducido bikini sobre un geométrico fondo de resortes de colchones.

La música en los surcos de "Dirty Mind" es tan despojada y cruda como el arte visual que se luce en su funda. Aunque muchos historiadores aseguran que el disco se grabó con una caja de ritmos, Prince no usaría ese aparato (una Linn LM-1) hasta su siguiente trabajo, "Controversy", lo cual hace aun más sorprendente el sonido plástico y robótico que el músico logró edificar en "Dirty Mind", para lo cual usó una batería acústica, común y silvestre.

Las letras de las canciones, como presagiaban las fotos que protegían el vinilo, eran tan divertidas como obscenas. Un tema narraba la seducción que una mujer ejercía sobre su hermano menor para sumergirlo en el mundo de la prostitución, y cómo este a su vez seducía en la calle a una chica que iba camino al altar, solo para acabar casándose con ella en una lúbrica ceremonia celebrada en el asiento trasero de un destartalado automóvil. ¿Existe algo más punk que eso?

Curiosamente, las reacciones adversas a esta obra maestra no llegaron de las oficinas federales, sino de la audiencia de uno de los grupos aparentemente más avezados del rock. Reclutado por Mick Jagger para abrir los conciertos de los Rolling Stones, Prince se presentó en el escenario como una mezcla exagerada de Little Richard y David Bowie, con tacones y medias de seda, lo que desató la homofobia entre los alcoholizados barrigones seguidores de los Stones, que no dudaron en arrojar piedras sobre el menudo provocador.

Pero claro, las cosas no se quedarían así. La influencia de "Dirty Mind" ahora puede apreciarse en los mandatos de producción de casi todo el hip hop contemporáneo, en especial en bandas como Outkast y The Roots, así como en artistas de avanzada, llámense Erykah Badu o Kanye West.

Ícono global
El triunfo definitivo de Prince llegaría en 1984, gracias a "Purple Rain", película y 'soundtrack' que acabaron convirtiéndolo en una estrella de dimensiones globales. Las canciones que integran el disco son sin duda las mejores que compuso: "Let's Go Crazy" (himno ochentero que Jagger quiso imitar pero jamás logró escribir), "Computer Blue" (robótico experimento pop que en la actualidad Kanye West busca replicar), "Darling Nikki" (la canción del escándalo que replanteó las leyes de censura en Estados Unidos), "When Doves Cry" (agridulce oda a la dependencia sexual que influiría tanto a Jay-Z como a los Afghan Whigs) y, por supuesto, "Purple Rain", donde Prince acaba por tentar el trono de Jimi Hendrix como héroe de la guitarra del rock.

Después, vendrían más éxitos comerciales ("Raspberry Beret") y críticos ("Sign O the Times"), pruebas contundentes de que el legado de Prince sigue expandiéndose en el mundo del rock, pop y el hip hop. El resto es historia.

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