13:41 | Desde hace seis décadas, la cifra sigue siendo la misma: 2,5 millones de peruanos no saben leer ni escribir.
Por Jorge Luis Cruz
Los peruanos leen, en promedio, medio libro al año. Eso es penoso, pero hay una realidad más desoladora: más de dos millones de compatriotas no pueden pasar ni de la tapa de un libro. Son los que no saben leer ni escribir, analfabetos a quienes la letra impresa solo les habla de sus grandes limitaciones en un mundo de letras y de la marginación a la que por ello están expuestos. Una consecuencia más de la pobreza.
Dos horas y ocho minutos le tomó al presidente Alan García leer el año pasado su Mensaje a la Nación. Ese 28 de julio, entre el rosario de temas políticos y económicos propios de Fiestas Patrias, el analfabetismo apareció como una prioridad en el discurso oficial. "Debemos terminar con la injusticia de tener dos millones 500 mil peruanos, mayores de 15 años, que no han sido alfabetizados. Ese es el horror de la exclusión (...) El Perú no será verdaderamente grande hasta que sea un país sin analfabetismo", aseveró.
Desde 1940, la cifra de iletrados en el país es casi la misma: dos millones 500 mil. Amén del acelerado aumento de la población, la estadística dice que, en porcentaje, el analfabetismo ha disminuido, pero en números absolutos nada ha variado sustancialmente en seis décadas, según informaciones del Programa Nacional de Movilización por la Alfabetización (Pronama) del Ministerio de Educación.
La idea es que esto cambie. Se requieren 400 millones de soles para vencer el analfabetismo, dijo el presidente García hace casi un año. La cartera de Educación, hasta la fecha, ha invertido 120 millones de soles que han servido para educar a más de 600 mil peruanos en los últimos meses, según los comerciales de televisión y los enormes carteles, colocados por toda la ciudad, que hablan de la campaña de alfabetización más agresiva de la historia peruana.
"Uno escucha estas cifras de 600 mil peruanos ya alfabetizados y piensa que todo está bien, pero el que sabe del tema dice que solo se ha dado el primer paso hacia la alfabetización, esto es, conocer las letras del alfabeto y leer algunas palabras. De ninguna manera el proceso puede quedar allí", sostiene Madeleine Zúñiga, especialista del Foro Educativo.
Si el plan gubernamental continúa avanzando a la velocidad que dice la publicidad, sin discusión en el 2011 todo peruano será capaz de distinguir la "U" de la "W" y de escribir su nombre letra por letra. El tema, sin embargo, podría ser más complejo. Cuando se habla de alfabetización completa -resalta Zúñiga- las personas deben estar en capacidad de utilizar el alfabeto en su vida cotidiana, en una serie de actividades que demanden competencia en el uso de la lengua escrita.
"El hecho de que el programa pretenda alcanzar a muchos a la vez (para alfabetizarlos), presenta un escenario muy atractivo para la politización, para un juego demagógico. En el Gobierno hay altos dirigentes que son proclives al uso de discursos populistas y a anunciar estos números", afirma.
No obstante, el jefe del Programa Nacional de Movilización por la Alfabetización (Pronama) del Ministerio de Educación, Angel Velásquez, cree que uno de los grandes problemas de los peruanos (él es cubano) es la incredulidad. "Sin conocer las cosas uno, habla mal de ellas", se lamenta.
"Está claro que el problema no se logrará vencer si se centra en un programa de alfabetización. Si alguien no practica una habilidad, la pierde. Por eso el Ministerio de Educación está haciendo esfuerzos para que las personas continúen sus estudios en un centro de Educación Básica Alternativa", recalca.
Para los que no saben leer ni escribir, el camino comienza en el aula de uno de los miles de círculos de alfabetización en el Perú, a cargo del Pronama. Esta primera etapa dura aproximadamente tres meses de aprendizaje, más cuatro semanas adicionales para reforzar lo aprendido, al fin de lo cual cada estudiante pasará automáticamente a engrosar la cifra de alfabetizados por el gobierno.
Toda campaña de alfabetización fracasa si no la sobrevive un plan educativo más amplio. Es la condición para que los alumnos no regresionen en lo aprendido. La Educación Básica Alternativa continúa la tarea. Actualmente, este programa está atendiendo a más de 60 mil adultos. Para los que se matriculan, ella hace las veces de la primaria y la secundaria a lo largo de 6 años, con cinco clases a la semana de dos horas diarias.