11:44 | El programa de rehabilitación de Devida y el INPE intenta cambiar para bien los destinos de los ex presidiarios
Por Franklin Briceño Huamán
"Antes de salir de la cárcel piensas en qué harás para olvidarte de esta vida y empezar otra nueva, y yo tendré una granja con cerdos", sueña el chinchano Sandro Tipian en los últimos días de los 1.021 a los que fue condenado por robo agravado.
Su vida ha cambiado, lo repite hasta el cansancio, en los pasados 10 meses tras su ingreso al programa de rehabilitación para reclusos con problemas de drogas que ha puesto en práctica la Comisión Nacional para el Desarrollo y Vida sin Drogas (Devida) y el Instituto Nacional Penitenciario (INPE).
"Aquí existía alcohol, droga, todo y cada uno vivía su vida. No había apoyo ni amistad, las cosas desaparecían y nadie te decía quién se las había robado", recuerda Tipian, condenado por asaltar un grifo y antiguo consumidor de drogas. "Ahora todos los del pabellón 1B nos ayudamos y queremos ser distintos", comenta.
El pabellón 1B es el sector modelo del penal de Nuevo Imperial en Cañete. Esta área tiene a 60 jóvenes cuyas edades oscilan entre 18 y 22 años y es una zona donde las autoridades penitenciarias y de Devida creen que los reos pueden cambiar.
"Hay personas nuevas que recaen. Sería mentirte que te diga que nadie recae. Algunos dicen, quiero tomar (beber alcohol), quiero cambiarme de pabellón (para poder drogarse) pero tenemos un buen psicólogo que orienta, habla y tiene una terapia constante", comenta Sandro.
"Un preso nunca te va a decir que él ha recaído por voluntad propia, siempre culpa a los otros, pero de todo el grupo Sandro Tipian es uno de los que mejor ha evolucionado en 10 meses de ingreso al programa", dice con voz persuasiva el psicólogo carcelario Jesús Bravo.
Además de creer en sí mismo, Sandro confía en Cristo. También como el bíblico Saulo, cree que un pecador puede redimirse y reencaminar su rumbo retorcido.
POR ETAPAS
Este presidiario sabe que al salir en libertad tendrá más tentaciones, pero al mismo tiempo es consciente que todo depende de él. "Uno aquí dentro cambia porque no ves mujeres, no ves cantinas, no ves a los amigos. En la calle vas a ver las tentaciones, plata fácil, todo, todo. Pero yo tengo en mi mente que por más tentaciones que haya voy a ser fuerte", conversa.
Jesús Bravo confirma este hecho y dice que la tercera etapa, que es cuando los internos dejan el penal y salen a la calle, es la más difícil. "Lo peor es que aparte de consumir drogas estos jóvenes han sido delincuentes y la mezcla de esas dos disfunciones: la droga y la delincuencia son peligrosas", explica el psicólogo.
Por eso, antes de salir en libertad, los reos son entrenados para poder rechazar cualquier nuevo acercamiento a las drogas. "Se les sugiere cambiar de amigos, a resistir los días viernes que es el día en que casi siempre se drogan, y a no sorprenderse de que los amigos le digan que es un maricón simplemente porque ya no se drogan", precisa Bravo.
Sandro sabe lo difícil que es quedarse sin 'amigos'. Muchos de ellos ya ni lo llaman pues en reiteradas ocasiones él les ha dicho que ya no volverá a delinquir. "Causa tú ve, tú decide, pero ¿sabes qué? Si vas a ser así, entonces ahí no más contigo', le dicen. "Entonces te comienzas a quedar sin amigos. Así te tratan muy duro y no tienes a nadie más", comenta Sandro.
El Estado hasta el momento no le tiene fe a la rehabilitación penitenciaria. En los hechos prácticos son escasísimos los programas de este tipo. Incluso el jefe del INPE, Leonardo Caparrós, ha admitido en una entrevista con elcomercio.com.pe, publicada el pasado 8 de mayo, que "mucha gente no se rehabilita por el sistema que poseen las cárceles peruanas".
Sin embargo, el convenio donde Devida ha destinado 2 millones 561 mil soles al INPE, para este programa de rehabilitación, puede ser considerado una de esas excepciones donde se observa un Estado menos deficiente. "Los estándares que se manejan en el mundo para caso de pacientes delincuenciales con problemas de drogas es de una recuperación del 30% o 40% del total de integrantes de un programa", dice el psicólogo Jesús Bravo. "Y así fuesen menos, esas personas que se recuperan ya son un logro para el trabajo penitenciario y son un costo menos para el Estado porque ya no volverán a las cárceles", añade.
Su optimismo sorprende al recordar los 0.70 céntimos por cada comida que tienen los internos en todas las cárceles del Perú.
Pese a las carencias Bravo trabaja con los presos y uno de sus mejores avances es Sandro que con solo 22 años saldrá libre el miércoles 15 de octubre.
"Todos los días no se sale de la cárcel y ver la calle por más fea que esté, es bonito porque estar libre es respirar otro aire", comenta Sandro, un muchacho de lentes de medida, macizo como un barril y con tatuajes azules en el brazo y las manos.
"Ese día saldré vestido de camisa y pantalón, quisiera caerle de sorpresa a mi familia, pero ellos ya saben así que seguro que me estarán esperando en la puerta", continúa.
"Cuando llegue a mi casa los reuniré a todos en la mesa y les diré que voy a empezar una nueva vida", añade para finalizar diciendo: "eso será, si Dios quiere, el miércoles 15 de octubre".
EPÍLOGO
Sandro Tipian salió libre, no el miércoles 15, sino un día después. Lo esperaron su madre, su mujer Silvana y su hija que también lleva el mismo nombre. Con ellas se fue para el chinchano distrito de Sunampe en una combi de transporte público cuando el sol ya se ocultaba.
Ese día no se pudo despedir del psicólogo Jesús Bravo pues el terapeuta asistía a un curso de actualización. Sin embargo, los dos han acordado llamarse y reunirse ahora que Sandro está en libertad.