8:42 | La heroica historia del pequeño de 6 años que impidió que su padre fuera rematado por un sicario en San Juan de Lurigancho no tuvo un desenlace feliz
Rully Guzmán Ccorahua, de 31 años, no resistió la segunda cirugía que ayer le practicaron para retirar la bala de su ingle y falleció, a las 7 p.m., en el hospital Hipólito Unanue. Mientras tanto, su hijo de 6 años, el pequeño que este jueves se convirtió en el héroe del barrio Inca Manco Cápac (San Juan de Lurigancho), por haberse interpuesto entre su padre y el sicario que lo atacaba, hasta ayer no había recibido ayuda psicológica para afrontar la fatal noticia.
El pequeño faltó ayer al colegio, pues la intensa violencia de la que fue testigo este jueves no solo ha acentuado el tartamudeo que sufre desde hace dos años, también le ha causado pesadillas, sudoración, llanto y reacciones nerviosas.
El jueves, cuando su tía Karina y su mamá, Katherine Medina, fueron de compras al Centro de Lima, el pequeño, su hermano de 3 años y sus tres primitos habían quedado al cuidado de Rully Guzmán.
Eran las 2:15 p.m., y en la puerta de su casa de la calle Pirita, este bebía cervezas con su amigo Juan Sánchez Capcha. De pronto, tres sujetos encapuchados bajaron de un auto y descargaron cuatro tiros a quemarropa contra los dos amigos.
Sánchez quedó tendido en la acera y Guzmán, herido gravemente en la ingle, entró a su casa a rastras y tuvo tiempo de apartar a su hijo menor, de 3 años, del pasadizo y de echar llave al cuarto donde el mayor de sus niños, el de 6 años, miraba la televisión. Los primos observaban aterrados a través del vidrio de una puerta contigua y fueron estos primos, de 10, 5 y 3 años, quienes narraron luego a su familia y a la prensa que el pequeño encerrado escapó por la ventana de la habitación para implorarle al que apuntaba con una pistola a su papá que por favor no volviera a dispararle, que no lo matase. El sicario optó por retirarse.
Ayer, el niño estaba enojado porque no lo dejaban entrar al hospital para visitar a su papá. Según lo que nos contó, se nota que todavía tiene grabado el instante en que el matón lo miró furioso, lanzó un insulto horrible al aire y se fue por donde había llegado.
NO DEJARON RASTRO
En tanto, la policía de la comisaría de La Huayrona, a cargo de la investigación, aún no tiene una pista de los presuntos mercenarios. Todo lo que se sabe es que usaron pistolas automáticas.
Los oficiales presumen que los sicarios conocían a sus víctimas. Al no haber pretendido robar nada de la casa, las características del crimen --aseguran-- son los de un típico ajuste de cuentas. Sostienen esta hipótesis, además, porque en el 2004, Rully Guzmán estuvo en prisión por robo agravado.
Sin embargo, esa versión es rechazada por los familiares de Guzmán, quienes aclaran que en los últimos cuatro años este se había reformado y estaba muy dedicado a su casa y a su tranquilo oficio de costurero.
La víctima deja tres hijos de 6, 3 y 1 año. Los familiares informaron que hoy los restos serán velado en su casa.