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Graciela Hurtado trabaja para devolver la dignidad

8:08 | Su empresa es devolver la dignidad. Por ella, chicos abandonados en un manicomio -y que no tenían por qué estar ahí- ahora saben qué es un hogar. Incluso, uno de ellos ya trabaja. Ella jamás perdió la fe

Por: Antonio Orjeda

Graciela Hurtado tenía otros planes para su vida. Hija de un comerciante y un ama de casa, se hizo psicóloga. Entró como practicante al hospital Larco Herrera y su vida nunca más fue igual.

Consecuencia de ello, en el 90 creó Hanoprem, una asociación sin fines de lucro, e inició una cruzada. Esta es su historia.

Gracias a su esfuerzo y dedicación, seis personas que habían sido abandonadas en el Larco Herrera hoy tienen un hogar.
Tienen una vida, que aspiramos a que sea como la de cualquier otro.

En el Servicio de Niños del manicomio atendía consultas externas. No sabía que ahí había una realidad desconocida.
Que yo veía por mi ventana, sin saber entonces qué podía hacer.

¿Qué veía?
Niños en estado de abandono, que jugaban con tierra, echados o sentados en el piso, o que gritaban...

Supo de esa realidad gracias a una profesional sueca que llegó al hospital como voluntaria.
Para ella fue un shock y luchó para que se hiciera algo.

¿Quiénes eran esas personas?
Unos 40 chicos abandonados, sin nombre, o que habían llegado por orden de un juez, porque cuando encuentran a un niño en la calle que no habla o que tiene convulsiones, ¿a dónde lo llevan? Y como los doctores tampoco tenían una idea clara de qué hacer, ese pabellón se fue llenando.

Comenzó a trabajar con ellos.
Sí, poco antes de que tomase una beca de capacitación.

Partió a Suecia, retornó y...
Dije: "¿Qué vamos a hacer acá?". Allá descubrí que Save the Children tenía acá una donación para estos niños (tramitada por la sueca) ¡y que nadie hacía uso de eso! Le dije a mi jefe que teníamos que hacer algo, que compre pañales, que contrate a terapeutas, a especialistas en modificación de conducta... Hubo un ligero cambio, pero sentía que hablaba un idioma que nadie entendía.

Por eso creó Hanoprem.
Efectivamente. De 1984 a 1986 estuvo en el hospital otra voluntaria sueca, una profesora de educación especial que trabajó conmigo. Aún no me había atrevido a abrir el hogar, pero planteé hacer uno ahí (en el manicomio). Trabajamos duro. Hubo un ligero cambio. Pero lo que avanzábamos en la mañana no se continuaba en la tarde: el baño otra vez estaba con llave, no había papel higiénico, les cerraban el cuarto de televisión... Y cuando en 1986 ella se fue, evalué la situación. Iba a ser muy difícil que las cosas cambiaran ahí. Nació la idea de salir, formé Hanoprem y le presenté al hospital (Larco Herrera) un proyecto sobre el hogar.

Siga la entrevista en el blog Ejecutivas valen un Perú.

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