11:41 | Robert Müller, portero de la selección alemana de hockey sobre hielo, se resiste a la muerte dispuesto a sudar hasta lo último
Hamburgo (DPA).- Ni siquiera la peor noticia que un hombre podría recibir de un médico le ha quitado a Robert Müller las ganas de competir.
A los 28 años, al golero de la selección alemana de hockey sobre hielo le acaban de decir que le quedan siete semanas de vida. Pese a ello, está decidido a seguir entrenando y quiere volver a fin de mes a las canchas para defender la meta de su equipo, los Tiburones de Colonia (Kölner Haie).
Su drama, que conmueve a Alemania entera, se inició con unos mareos en noviembre del 2006. Los estudios posteriores confirmaron la mala noticia: un tumor maligno se alojaba en el cerebro del golero, y la posterior cirugía solo pudo extirparlo parcialmente.
Siguieron sesiones de radio y quimioterapia, y las posibilidades de que Müller alguna vez retornase a la competición profesional parecían escasas. Pero entonces dio su primera sorpresa: tres meses después del sombrío diagnóstico, Müller volvía a la selección. En la temporada pasada quedó subcampeón en su país y también participó en el Mundial en Canadá.
Pese a tanta competencia, Müller nunca perdió de vista que el glioblastoma (uno de los tumores más agresivos que se conocen) permanecía como un verdugo latente. "Sé que tengo todavía un resto en la cabeza. Pero he tenido mucha, mucha suerte", se declaró afortunado en aquel momento, sin saber (o quizá sabiendo) que la fortuna tendría fecha de vencimiento.
El nuevo golpe llegó en agosto de este año, cuando en un chequeo de rutina se corroboró que el tumor había vuelto a crecer. Una segunda operación fue necesaria, pero también esta vez fue imposible extirpar todo el tumor, que ejerce presión sobre los vasos sanguíneos.
Desde entonces, Müller tiene la certeza de que ya no hay cura para su mal. Según precisa el diario "Die Welt", es una carrera contrarreloj de solo siete semanas de duración.
El deportista, casado y padre de dos hijos, no habla sobre su enfermedad y prefiere concentrarse en hacer lo que mejor sabe, jugar al hockey sobre hielo.
"Entrena con un empeño increíble. Lo veo todos los días y ha avanzado mucho", cita "Die Welt" al director deportivo del club, Rodion Pauels.
El arquero, que según sus médicos ya superó la supervivencia media de los pacientes aquejados por su mal (la mayoría de pacientes no vive más de un año), quiere volver al campo, pero por propio mérito y no por lástima. "No tengo dolores, me siento bien y sencillamente tengo que vivir con el tumor. Nunca va a desaparecer del todo. Solo me resta ser positivo; cualquier otra cosa no cambiaría la situación. Y quiero que se me trate como a cualquier otro, no necesito compasión", dijo. Quizá no ataje a la muerte, pero está dispuesto a jugarle su mejor partido.