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Despertares: Bailando por más que un sueño

10:13 | Tras el éxito de los programas de baile de la televisión, un concurso similar alegra la vida en las cárceles de Lima. LiberArte 2008 es una competencia de coreografías que hace olvidar duros momentos a los internos

Por David Hidalgo Vega

Libertad de movimiento es organizar a diez muchachas que bailan para olvidar el encierro, los errores del pasado y alguna ine-vitable decepción en el camino. Libertad de movimiento es cargarse a la espalda risitas cáusticas de otros reos varones, solo por las ganas de hacer de una danza un ritual de la dignidad. Libertad de movimiento es ensayar y tropezarte y volver a practicar cada paso con tus compañeros, porque siempre es posible arrancarle risotadas a la adversidad de estar preso, y aspirar a un momento de triunfo, cualquiera haya sido tu historia. En cuatro penales de Lima palpita esa certeza. El primer concurso de coreografías LiberArte 2008 es una manifestación del derecho inalienable a soñar con todo el cuerpo.

El certamen sacude los espíritus más propicios a renacer. Esta tarde, por ejemplo, anima a las internas de Santa Mónica, en Chorrillos. Durante los dos últimos meses, un grupo de ellas se preparó como si su libertad dependiera de un posible triunfo sobre el escenario. Al principio fueron quince, pero con los días el elenco se redujo a diez integrantes. "Es que algunas salieron en libertad", explica Lorena Villacres, una de las más entusiastas. Pocas deserciones resultan más tolerables.

El elenco definitivo mantuvo el ritmo hasta esta tarde. Ensayaban todos los días, de cinco a siete de la noche. Un coreógrafo guio sus primeros movimientos erráticos, pulió torpezas y afinó los desplazamientos para los dos primeros bailes. Ellas crearon su propio número de cierre. Ahora, minutos antes de mostrarse ante un jurado de artistas profesionales y famosos, pareciera que todo lo sudado adquiere sentido: incluso en la prisión el cuerpo no tiene límites.

La función empieza en el auditorio con un sincretismo: diez coyas bajo un inmenso sol de cartulina y papel dorado ejecutan un rito al compás del tema "Hoy", de Gian Marco. Primer punto. Luego seis de ellas salen ataviadas de ninfas caribeñas para el tema "Mi tierra", de Gloria Estefan. Segundo punto. El remate llega con un 'mix' que va de los Beatles a David Bisbal. Tercer punto. Sus alegorías hablan de caídas y crisis --casi todas por tráfico de drogas--, pero también de redención. Tres carteles de la última danza lo confirman: "Amor", "Unión", "Esperanza". El mensaje ilumina las sonrisas del jurado.

El optimismo a la intemperie también inunda el patio del pabellón 6A, en el penal Castro Castro. Otro grupo aspira al triunfo de LiberArte 2008, una metáfora para un elenco que carga condenas de entre 7 a 25 años. Tras el toldo de colores que sirve de camerino se reúne ahora un grupo de hombres emancipados por el baile. "Estas cosas le hacen olvidar a uno muchos momentos difíciles", dice Leonidas Sinche, preso por secuestro. Siete compañeros de peripecias y encierro suscriben ese alivio.

El grupo sale ataviado a la manera de ocho ejecutivos con maletín en mano. Forman una línea, se separan, se cruzan y encuentran con gestos que dan la impresión de recrear el momento de sus capturas, sus caídas en prisión. Minutos después, cada quien se despoja de su traje y sobre el escenario del patio limpio queda un grupo de hombres primitivos, con collares de hueso y pieles animales de fantasía. Hacen pirámides humanas, saltos acrobáticos. La danza tribal despierta la euforia de la tribuna reclusa. Después de todo, el sacrificio puede ser divertido.

El jurado no califica condenas ni culpas, sino destrezas y esfuerzos. Los destacados coreógrafos Pachi Valle Riestra, Vania Masías y Luis Sandoval dan sus veredictos en cada caso: si hubo rigidez, si la pieza fue muy corta o larga, si la idea quedó clara o si merece refuerzo. La escena en ambos espacios, Santa Mónica y Castro Castro, se parece a la de los recientes programas concursos de baile. Las chicas incluso se emocionan y parece que hubieran ganado el concurso. Los varones se abrazan y felicitan como un equipo triunfal. La diferencia es implacable: más que por un sueño, aquí se baila como un rito para atraer la libertad.

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