12:01 | Con cada día que pasa, miles de jornaleros inmigrantes sufren las consecuencias de la crisis financiera en el país norteamericano, como la falta de horas de trabajo
Phoenix, EE.UU. (Reuters).- El albañil mexicano Juan Alcaraz espera en medio de un aire frío en un sitio de trabajo en la capital de Arizona que llegue un patrón que lo contrate. Últimamente, esto es cosa de todos los días para él. "En un momento, trabajé 10 días seguidos, ahora si tengo suerte consigo trabajo para un día. Nunca ha sido tan difícil", comentó.
Alcaraz es parte de los miles de jornaleros, casi todos inmigrantes ilegales, que son contratados para vaciar concreto, realizar reparaciones domésticas y arreglar jardines en todo Estados Unidos. Este sector está sintiendo la presión a medida que se profundiza la recesión.
Según un estudio de la Universidad de California en Los Ángeles de hace dos años, durante los buenos tiempos muchos jornaleros trabajaban hasta cinco días a la semana o más ganando hasta 1.400 dólares al mes, en su mayoría ahorrando dinero para mantener a sus familias en México y otros países de América Latina.
Pero mientras en Estados Unidos se desploma la construcción, se hacen sentir las ejecuciones hipotecarias y se seca el crédito en medio de la peor desaceleración desde la Gran Depresión, los trabajadores informales de California a Nueva York se encuentran ante tiempos difíciles.
"Solo está empeorando", dijo Gerson Hernández, un salvadoreño de 40 años que ha pintado casas durante 14 años en Los Ángeles, mientras esperaba junto a otros trabajadores inmigrantes afuera de una tienda Home Depot.
En Nueva York, una mañana de la semana pasada había más de 100 hombres parados en el frío en la sección Jackson Heights de Queens, envueltos en sus chaquetas con capucha y sus manos enterradas en sus bolsillos, esperando por empleos que nunca llegarían.
"Trabajé dos o tres días en noviembre", dijo Roberto Romero, un trabajador venezolano de 51 años que está muy al tanto de los peligros de vivir sin una red de contención.
"A veces puedes desayunar con eso o tal vez tomar un café. Luego buscas trabajo y lo vuelves a intentar al día siguiente. Es muy duro", agregó el hombre.
ROBO DE SALARIOS EN AUMENTO
Existen opiniones encontradas en cuanto a la inmigración ilegal en Estados Unidos, donde se estima que 12 millones de trabajadores indocumentados se esconden a plena luz del día.
Después de que el año pasado el Gobierno no pudiera aprobar leyes que revisaban la legislación inmigratoria, muchos estados del país y algunas autoridades locales han tomado medidas para ponerle freno a la inmigración ilegal.
Ante el deterioro de la economía en los últimos meses, los jornaleros se quejan de estar enfrentándose a cada vez más hostilidad mientras buscan empleo en los centros laborales y estacionamientos de centros comerciales de Los Ángeles a Nueva York.
En el Centro Laboral Macehualli en Phoenix, los jornaleros dijeron que activistas anti-inmigración con frecuencia se manifiestan en el lugar, diciéndoles a los trabajadores que regresen a sus casas y urgiendo a los potenciales empleadores a no contratarlos.
En Queens, los trabajadores dijeron que se sintieron verdaderamente poco bienvenidos por parte de los vecinos, a quienes no les gusta la imagen de extraños haraganes en sus aceras.
Para el reducido número que sí es contratado, abundan las historias de engaños con los 80 a 100 dólares que reciben como paga diaria. En Queens, los trabajadores responsabilizaron a inescrupulosos empleadores ecuatorianos por el robo de sus salarios, mientras que en Phoenix la semana pasada se trató de un contratista anglosajón.
"Nosotros hicimos un buen trabajo, pero él nunca pagó", dijo Jorge Alberto Zárate, de 48 años, un jornalero del estado mexicano de Chiapas, quien fue contratado junto a su primo para instalar una tina en un jardín. Ninguno de ellos recibió los 450 dólares que le habían prometido por dos días de trabajo.
REDUCIENDO AUN MÁS
Muchos estadounidenses están ajustando sus cinturones y gastando menos mientras la economía pierde empleos. El mes pasado, 533.000 personas se quedaron sin trabajo, el mayor número para cualquier mes desde 1974.
Los jornaleros, quienes no tienen red de resguardo ya que buscan trabajo en las sombras, dicen también estar recortando sus escasos presupuestos, que se deducen de trabajar tan poco como uno o dos días a la semana.
Algunos están enviando menos dinero a casa para mantener a su familia, mientras que otros dijeron estar reduciendo el uso del teléfono, comiendo menos afuera e incluso compartiendo sus casas o departamentos alquilados.
La desaceleración económica es mundial. Muchos jornaleros dicen que tratarán de sobrevivir en Estados Unidos, pase lo que pase, ya que las perspectivas en sus países serían aun peores.