13:22 | Según analistas, la región no será de gran interés para el electo presidente de EE.UU., pero tampoco será plenamente ignorada
Washington (AP).- Las voces que presagiaban la relegación de América Latina con la elección de Barack Obama pueden haber sido exageradas. Como también puede que lo sean aquellas que auguraban días mejores solamente por el hecho de que con él se acabaría la era de George W. Bush en la Casa Blanca.
Todos los presidentes de la región han dicho que pueden dialogar con el político que basó su campaña en el cambio. Incluido Raúl Castro, de Cuba. Por ahora, no obstante, no hay arreglado encuentro alguno.
Otros gobernantes, como Alvaro Uribe, de Colombia, y Tony Saca, de El Salvador, los más allegados a Bush, y Felipe Calderón, de México, se han preocupado por el escaso interés que parece tener Obama en la globalización y potenciales limitaciones al comercio exterior.
Y pese a que Obama aún no es el presidente, el canciller de Brasil, Celso Amorim, ya le ha acusado de no asumir funciones de líder que el mundo espera de él. Dijo que debido a que Obama no promovía un mensaje de flexibilidad de Estados Unidos, el fracaso amenazaba al ansiado acuerdo de nuevos términos del comercio mundial en la ronda Doha que las naciones esperaban para diciembre como pilar para la reactivación económica global.
Paulo Sotero, director del proyecto Brasil de Woodrow Wilson Center, de Washington, afirma que por lo poco que Obama ha hablado de América Latina, probablemente no sea un proteccionista.
"Yo no lo creo", declaró en una entrevista. "Yo creo que es un internacionalista, que se ha rodeado de gente que cree en la importancia del comercio para el dinamismo de la economía, pero que sí le resultará pesado trabajar en esos campos debido a que tiene el apoyo de los sindicatos, que casi siempre son proteccionistas".
TRINIDAD Y TOBAGO: LA OPORTUNIDAD
John Murphy, vicepresidente para asuntos internacionales de la Cámara de Comercio de Estados Unidos, hizo notar que el proyecto de declaración de la Cumbre de las Américas que se hará en Trinidad y Tobago en abril, con asistencia de Obama, no contenía una sola referencia al comercio, el tema central de esos encuentros desde que empezaron en 1992.
"Yo creo que Obama tendrá oportunidad de pensar más a fondo acerca de la utilidad de la cumbre y de la mejor manera de relacionarse con los países de América Latina y el Caribe", dijo a la AP. "Allí hay que tener en cuenta no el énfasis de Estados Unidos de incluir o excluir el tema del comercio sino el interés de los países de la región de relacionarse comercialmente con Estados Unidos".
Nadie espera que la región sea una prioridad en la política exterior de Washington a partir de enero, pero tampoco que sea ignorada.
Para empezar, Obama ha dicho que eliminará las restricciones de viajes y de envío de dinero a Cuba, impuestas por Bush en 2003, y posiblemente cierre la prisión en la base de Guantánamo, Cuba, donde están sospechosos de terrorismo con años de espera para una audiencia judicial.
El presidente electo, no obstante, indicó que no levantará el embargo de medio siglo en tanto el gobierno cubano no demuestre que hay un cambio hacia la democracia en el país.
LOS HISPANOS CERCA A OBAMA
Obama ha enfatizado que trabajará primero en la rehabilitación económica nacional sin dejar de mirar al resto del mundo, aunque tal vez sin tratar tampoco de cambiar rápidamente mucho de lo que está dejando Bush.
Ha puesto a Janet Napolitano al frente del Departamento de Seguridad Interior y a Bill Richardson en Comercio. Ambos tienen gran electorado hispano, hablan español y proceden de las gobernaciones de Arizona y Nuevo México, respectivamente, que en la práctica son los primeros destinos de millares de inmigrantes que ingresan a Estados Unidos por la frontera sur.
También propuso a la congresista californiana Hilda Solís, una activista hispana, para el cargo de secretaria del Trabajo, en el tercer nombramiento de un hispano a un cargo ministerial, después de Richardson y el senador Ken Salazar, para Interior. Solís es una allegada de los grandes sindicatos y votó en contra el tratado de libre comercio con Perú en diciembre de 2007.
Bush tenía al frente de Comercio a Carlos Gutiérrez, un tecnócrata de origen cubano ferviente promotor del libre comercio y de un mayor acercamiento comercial de Estados Unidos y Hemisferio Occidental. Obama tendrá en la misma oficina de Gutiérrez a Richardson, un conocedor de Latinoamérica.
Como Obama, Richardson no se opone cerradamente al libre comercio. En un foro en agosto de 2007 dijo que no renegociaría el NAFTA --el tratado que une desde 1994 a México, Estados Unidos y Canadá--, pero que "no deberíamos tener nunca más otro tratado comercial sin provisiones de protección laboral, medioambientales y seguridad del empleo".
Debido a que la retórica anti-libre comercio tuvo un papel decisivo para el respaldo sindical en la campaña presidencial y el número de legisladores que se opone a nuevas aperturas comerciales ha aumentado en el Capitolio, hay todavía quienes están cautelosos sobre la suerte de los tratados regionales de libre comercio pendientes de aprobación legislativa: Colombia y Panamá.
Los dos tratados contienen las provisiones bipartidistas acordadas en marzo de 2007 en los campos laboral y medioambiental que facilitaron la aprobación del pacto peruano. Pero, aún así no generan mucho entusiasmo de aprobación en el futuro inmediato.