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Jugar con fuego: Ser espía estadounidense entre los talibán en Afganistán

22:37 | La mayoría de los informantes son reclutados entre los miembros tribales que viven en el lado afgano de la frontera con Pakistán

Islamabad (dpa) - La vida de Anwar Saeed estaba en riesgo de cualquier manera, tanto combatiendo del lado de los talibán y la organización Al Qaeda en la región tribal paquistaní como espiándolos para las fuerzas estadounidenses en Afganistán.

Saeed se decidió por la segunda opción. Los 6.000 dólares prometidos por los agentes de inteligencia eran suficientes para poder ofrecerles mejores servicios de salud a sus padres, y tal vez la posibilidad de trabajar de manera autónoma en alguna ciudad grande, donde podría desaparecer con su familia en el anonimato entre millones de personas.

Pero las cosas no ocurrieron como lo esperaba: Saeed, de 21 años, fue atrapado antes de poder identificar los escondites de dos importantes comandantes talibán en las áreas de Khaisor y Sholam, en Waziristan del Sur, para guiar hasta allí misiles del tipo Hellfire, lanzados desde una aeronave estadounidense no tripulada.

"Él era uno de nosotros, pero a veces sus acciones eran sospechosas", dijo un combatiente talibán local, que pidió ser identificado solo por su alias, Mohammed Zia.

"Lo llevamos a nuestros cuarteles centrales, nos incautamos de su Kalashnikov y le mostramos los cuchillos que usaríamos para cortar su garganta, y él nos contó todo".

Según Zia, el "traidor" colocó dos microchips que identificaron para las aeronaves estadounidenses no tripuladas los sitios en dos pueblos diferentes en los cuales estaba previsto que dos comandantes talibán iban a estar en una noche de octubre.

No hay piedad para los espías estadounidenses en Waziristan del Sur, un bastión del jefe talibán paquistaní Baitullah Mehsud, cuyos más de 20.000 combatientes realizan regularmente ataques transfronterizos contra las tropas internacionales estacionadas en Afganistán o facilitan ese tipo de ataques por parte de sus colegas afganos.

Tras horas de torturas, los espías son decapitados con un afilado cuchillo o asesinados a disparos. Sus cadáveres son colocados luego en un lugar público con la cabeza separada del cuerpo y con una nota que dice: "Todos los espías de Estados Unidos tendrán el mismo destino".

Ese tipo de ejecuciones se están haciendo más comunes debido a que Estados Unidos incrementó recientemente sus esfuerzos para reclutar informantes en Waziristan del Sur y el vecino Waziristan del Norte.

La mayoría de los informantes son reclutados entre los miembros tribales que viven en el lado afgano de la frontera, pero que con frecuencia visitan familiares en la región tribal paquistaní.

"Esos afganos llevan a cabo la tarea asignada solos o comparten una parte de la recompensa prometida con alguien local que les ayuda", dijo un funcionario de inteligencia paquistaní, que admitió que sus colegas también comparten "ciertas informaciones" con las fuerzas estadounidenses.

Con la ayuda de esta red de inteligencia expandida, el Ejército estadounidense llevó a cabo más de 35 ataques con aeronaves no tripuladas desde agosto. Muchos de ellos fueron exitosos al eliminar miembros de segundo rango de Al Qaeda y líderes talibán.

Los espías reciben equipos pequeños, de alrededor de un centímetro cuadrado, que contienen un transmisor y una batería que dura unas 48 horas. Este instrumento se coloca dentro o fuera de la casa de un extremista, o en su vehículo.

El transmisor envía señales a un satélite estadounidense, que las retransmite a las fuerzas estadounidenses que operan en Afganistán o directamente a una aeronave no tripulada que espera las coordenadas del objetivo para atacar.

"El misil tiene una precisión de unos pocos pies (20,48 centímetros), probablemente tres o cuatro. Puede dar con un objetivo especificado situado en un grupo de edificios, sin dañar los conglomerados adyacentes", dijo Syed Shah Mehmood, gerente general de East West Infiniti, una empresa que fabrica vehículos aéreos no tripulados para el Ejército paquistaní.

Sin embargo, a cada ataque aéreo exitoso contra los insurgentes islámicos siguen una o dos decapitaciones.

Recientemente, los talibán emitieron un video de cinco hombres, incluyendo soldados paquistaníes, acusados de entregar "información secreta" sobre el paradero del líder de Al Qaida Abu Laith al-Libi, lo que permitió un ataque con misiles estadounidenses el 29 de enero, que causó su muerte junto con otras 11 personas en Waziristan del Norte.

Titulado "Qisas e Ibrat" ("venganza y advertencia"), el video contiene un mensaje en idioma pashtu que dice: "Ustedes cometieron actos crueles para matar a muchos árabes queridos, que protegieron a nuestro país".

Un oficial de inteligencia paquistaní, que habló bajo condición de permanecer en el anonimato, dijo que en los dos años pasados fueron ejecutados unos 150 presuntos espías para Estados Unidos.

Consciente de su destino, Saeed decidió no permitir que los talibán lo muestren como un ejemplo.

"Estábamos regresando a los cuarteles centrales tras recuperar el chip en Sholam", relató el combatiente talibán Zia. "Yo estaba conduciendo. Miré por el espejo retrovisor y lo vi (a Saeed) apretando un pequeño instrumento que tenía la mitad del tamaño de un teléfono móvil. Yo no entendía qué era".

"Pocos minutos después, nuestro vehículo fue impactado por un misil. Cuatro de mis colegas y Saeed murieron. Milagrosamente, sobreviví con heridas menores", dijo Zia.

"Tal vez, él (Saeed) no quería morir como nosotros matamos a las personas", añadió.

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