10:43 | Las personas que están interesadas en tatuarse deben estar al día con sus vacunas contra la hepatitis y tétanos
Por Juan Vargas
Piura (El Comercio Norte).- El zumbido que sale del fondo de la galería podría hacer pensar a cualquiera que allí funciona un consultorio dental, pero cuando uno encuentra el puesto en cuestión, lo que observa es el trabajo de un artista que, ayudado por una pequeña máquina, inyecta tinta en pieles humanas.
Jorge Arista Reyes empezó a realizar tatuajes hace siete años. Estudiaba la carrera de Arquitectura en Lima cuando descubrió que el gusto por dibujar que tuvo desde niño no quería canalizarlo hacia el diseño de edificios y viviendas, sino a grabar permanentemente el cuerpo de otras personas.
"Yo empecé tatuando a mis amigos. No tuve un gran maestro, sino que me construí una máquina casera y convencí a algunos amigos para que se dejaran tatuar. El primero fue muy simple: la letra inicial de un nombre", indica.
Poner la piel en manos de un amigo o de un extraño es un verdadero acto de fe. Más aun después de soportar los primeros pinchazos. La máquina para tatuar tiene en su extremo una aguja esterilizada conectada a tubos que contienen tinta. Como hacen las máquinas de coser, la aguja entra y sale de la piel. Para que la tinta agarre adecuadamente, debe inyectarse a una profundidad de casi 3 milímetros, en la dermis.
Duele, pero es un dolor soportable; aunque, claro está, eso depende de la sensibilidad de cada quien. Para algunos, la sensación puede parecerse al caminar de un escarabajo sobre la piel; para otros, es como dejarse vacunar o picar por avispas cientos de veces casi en el mismo lugar.
RIESGO
Aparte del dolor, también está el riesgo de contraer enfermedades o que la herida se infecte, por lo que se recomienda a quienes quieren tatuarse que estén al día en sus vacunas, en especial las de hepatitis y tétanos. Después de realizado, el tatuaje forma una costra, la que cae después de dos o tres días. Una ligera comezón queda por aproximadamente dos semanas, la que puede volver ocasionalmente.
Limeño de nacimiento, Arista pasó por diferentes talleres de Lima, Colombia y Ecuador antes de arribar a Piura y abrir el taller que ha hecho que los jóvenes ya no tengan que aprovechar viajes a otras ciudades para grabarse diseños complicados.
Christian (prefiere guardarse el apellido) se acaba de tatuar todo el antebrazo con una especie de jardín en el que resaltan flores rojas. "Me gusta tatuarme. Es algo personal", indica mientras muestra orgulloso el resultado. Por lo general, los tatuados quieren ser vistos.
"Aquí viene de todo. Hay personas que se tatúan solo por moda y se hacen diseños que también están de moda, otros que traen diseños que significan algo para ellos, y también los que se vuelven adictos a los tatuajes y van dibujándose toda la piel", señala Arista.
Marcarse no es nuevo en estas tierras. Para los pescadores tatuarse nunca ha sido una moda y Piura es un departamento vinculado desde siempre al mar. La diferencia es el diseño, antes todo era anclas, cruces y nombres.
"El último año he hecho prácticamente un tatuaje diario. La gente primero se hace cosas simples, pero cuando ven el resultado empiezan a pedir diseños más complicados. Es un tema de confianza. Ahora saben que aquí sí pueden hacerse cosas interesantes y ahora yo puedo abocarme a hacer arte", indica.