10:52 | El lugar, ubicado en el cerro La Puntilla y de más de 3.000 años de antigüedad, fue utilizado por culturas Cupisnique, Chimú y Mochica
Por Wilfredo Sandoval
Chiclayo (El Comercio Norte).- El hallazgo de 15 hornacinas (altares), utilizadas por los antiguos peruanos para depositar ofrendas, fue la pista que condujo a los arqueólogos Luis Chero y Édgar Bracamonte a un singular sitio de más de tres mil años de antigüedad, que fue utilizado como el más importante centro de administración del agua de los señores que gobernaron las culturas Cupisnique, Chimú, Mochica y Lambayeque.
Los arqueólogos realizaban una inspección en la zona, por encargo del Museo Tumbas Reales de Sipán y del Proyecto Sipán. Conducidos por el guía Francisco Díaz, quedaron impresionados al llegar a una terraza de 120 metros de largo por 15 de ancho y vieron las hornacinas de diferentes tamaños, las que se ubican en el centro de una pequeña plaza provista de plataformas de acceso.
CENTRO DE PODER
A medida que escalaban el cerro La Puntilla, ubicado en el distrito de Chongoyape, los investigadores encontraban reveladores detalles que les indicaban que el lugar fue construido como un centro administrativo para el manejo del agua de lo que hoy es el río Chancay-Lambayeque.
La existencia de hornacinas y otros ambientes como murallas de piedra, edificadas estratégicamente a lo largo de noventa hectáreas en lo más alto del cerro, confirma la real importancia de este complejo arqueológico, que ya era conocido, pero del que no se sabía la especial función que cumplió en el mundo prehispánico.
Lo que más emoción causó a Chero y Bracamonte fue cuando alcanzaron los 300 metros de altura, casi en la cima del cerro, desde donde pudieron observar en toda su magnitud las instalaciones del enorme complejo y la ubicación de cada uno de los elementos de la construcción, que también sirvió de lugar para protegerse de los ataques enemigos.
Durante un recorrido por las paredes amuralladas de más de cinco metros de altura, los arqueólogos se sintieron transportados a épocas pasadas, especialmente cuando a su alrededor encontraban restos de cerámica muy antigua, de la cultura Cupisnique (Período Formativo) herramientas utilizadas en el trabajo de los petroglifos y otros objetos utilizado en la elaboración de los muros de piedra.
VARIAS OCUPACIONES
Luis Chero Zurita explicó que las hornacinas fueron utilizadas como un lugar para guardar las ofrendas que se dejaban en agradecimiento a las dotaciones de agua que recibían, así como para guardar los productos que se cosechaban de los extensos campos de cultivos irrigados por el antiguo canal Taymi.
"El cerro La Puntilla está inmerso en lo que es el gran complejo arqueológico de Cinto, cuya parte más alta fue un centro administrativo y también militar. Es probable que en la parte baja hayan vivido algunas poblaciones, pero eso se podrá conocer con la realización de un proyecto de investigación", indicó.
En el lugar se registran huellas de un largo período de ocupación, en el que hubo varias culturas que se sucedieron en el control del lugar, y en el que el dominio del agua fue un factor determinante de control. Esto fue especialmente aprovechado por los gobernantes de los períodos tardíos de las culturas Chimú, Lambayeque y Mochica.
CARÁCTER FUNCIONAL
Para el arqueólogo Édgar Bracamonte, las construcciones ubicadas sobre el cerro La Puntilla tuvieron un carácter funcional, a diferencia de lo que existió al otro lado del río, en Pampagrande, que cumplieron una función ceremonial y religioso. En este lugar se construyó la tercera pirámide más grande de Sudamérica.
"Las poblaciones que construyeron la mayor parte de las estructuras pertenecerían al período Lambayeque tardío, pero principalmente a Chimú. Se calcula que hubo una ocupación de 3.000 años, desde el Período Formativo hasta el Chimú", dijo.
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