La familia McCann pasó su primera Navidad sin la pequeña Madeleine
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A casi ocho meses de la misteriosa desaparición de la niña tres años, sus padres no pierden las esperanzas de hallarla con vida
Rothley / Londres (DPA).- El árbol de Navidad de los McCann está decorado con cintas amarillas, el mismo color con que está ornamentada la puerta de entrada de la casa en el poblado de Rothley, en el centro de Inglaterra. Es el color de la esperanza para el retorno al hogar de un ser querido. Padres, abuelos, tíos y tías de la pequeña ausente no están de ánimos para celebrar. "Todos desearían que no fuera Navidad", dice Brian Healy, el abuelo materno de Madeleine McCann, "pero ninguno pierde la esperanza".
A aproximadamente ocho meses de la misteriosa desaparición de Madeleine, de entonces tres años, de la residencia vacacional de sus padres en Algarve, Portugal, no se ha tocado nada de su habitación en Rothley. Sus muñecas y todos sus juguetes están dispuestos como los dejó ella. Sus vestidos cuelgan del armario en el mismo orden de siempre. "Todo está preparado para su regreso", señaló un amigo de la familia.
Pero a la vez se convirtió la habitación en una especie de santuario familiar. Los recuerdos de la niña se hacen especialmente presentes allí. Kate McCann, la madre, se retira allí todas las noches, para rezar antes de la hora de acostarse de Madeleine. Los familiares informan que lo hace entre lágrimas. En público mantiene en tanto siempre el dominio sobre sí misma, incluso ante las autoridades policiales portuguesas, que la siguen considerando sospechosa del caso. Algunos observadores la han calificado por ello de "fría y carente de sentimientos".
Clarence Mitchell -un periodista de la BBC que trabaja desde hace algunos meses como portavoz de los McCann- tiene una explicación para la aparente frialdad de Kate: la policía le habría aconsejado hace tiempo ya a los padres a no mostrar emociones frente a las cámaras. "Los secuestradores podrían verlos y eventualmente solazarse con su sufrimiento".
No siempre logra mantener la calma. La filmación del mensaje navideño en video de los McCann a su hija, emitido desde el fin de semana pasado por diversos canales de televisión, tuvo que ser interrumpido una y otra vez, porque a Kate se le caían las lágrimas, le fallaba la voz, según informaron integrantes del equipo de camarógrafos.
Aún sin lágrimas a la vista, el mensaje es conmovedor: "Madeleine, debes saber que te queremos", dice la madre cuando se ven las imágenes que muestran a una familia aún feliz durante la celebración de la Navidad de 2006. "Te extrañamos todos mucho", agrega. Y con la evidente expectativa de que Maddie pudiera llegar a ver en algún lugar el mensaje, añade: "¡Sé valiente, cariño!"
La legión de reporteros apostados durante meses ante la vivienda de los McCann en Rothley ha ido retirándose con el tiempo. Los numerosos afiches de gran tamaño con el rostro de la pequeña Madeleine, conocido en el mundo entero, han ido desapareciendo. Pero el recuerdo permanece vivo, al igual que el sentimiento de solidaridad con su familia. En las ventanas se ven velas prendidas por Maddie. También en el café del pueblo, en el que solía beber un chocolate caliente, y en la florería en la que Kate era cliente.
"Todos pensamos en ella", dijo la florista Gwyneth Green. "Esto ocurre especialmente en Navidad. El destino de Madeleine le recuerda a muchos experiencias tristes de sus propias vidas".
Este martes los McCann emprendían viaje a Liverpool, junto a sus hijos mellizos, a la casa de Susan y Brian Healy, los abuelos maternos. El 25 es el día del reparto de regalos en Gran Bretaña y los McCann optaron por poner distancia de algunos recuerdos: hace un año, Madeleine abría en la casa paterna en Rothley ante la cámara de video prendida la mochila color rosa que llevó unos meses más tarde a las fatídicas vacaciones en Algarve.