9:15 | El recordado delantero brasileño anotó 31 goles en 1990 y en 1997 volvió como técnico, pero sin el mismo éxito. Adao cree que la dirigencia del Boys es la principal responsable del mal momento de los porteños
Por Elkin Sotelo C. Periodista
Hay redes que desde hace 53 años no terminan de conocer a Claudio Adao.
Peregrinando por distintos pueblos del Brasil, el carioca y el ballet de los másters del Flamengo suelen hacer presentaciones benéficas sin mayor rédito que la satisfacción de aliviar las necesidades de sus compatriotas.
Adao no imagina lo mal que la pasa el Sport Boys en estos días, aunque es seguro que lo sospecha. Y pensar que en 1990 hizo 31 goles en el Descentralizado y se convirtió en el máximo goleador rosado de toda la historia. Junto a Marquinho y Carlos Henrique Paris llevaron al querido club chalaco a la Copa Libertadores, pero no pudo quedarse porque con semejante récord de efectividad, a los 35 años, su cotización fue inalcanzable para don Beto Levy, legendario dirigente porteño que logró traer a esta figura brasileña de renombrada trayectoria en los principales clubes de su país y que cautivó a los hinchas con la novedosa 'paradinha'; espectacular manera de patear los penales haciendo un alto con las caderas en el instante previo a disparar y cambiando la intención inicial.
A todo rosado alrededor de los 30 años --o más-- le debe ser familiar la escena de Adao y su alucinante 'paradinha'. Por eso, cuando en 1997 el presidente Antonio Cuba anunció que el goleador volvería al Callao como técnico-jugador, casi se sale el mar. Con 42 años tuvo la intención de seguir haciendo goles, pero la factura ya era demasiado grande para esa osadía y no se atrevió. Se conformó con traer a tres brasileños de dudosa procedencia y calidad y fue cesado a mitad de temporada por los malos resultados del equipo.
Años más tarde, el rosado sigue siendo un club afecto a las campañas dolorosas. A pesar de eso, Adao, al mencionarle la palabra Boys, vuelve a la campaña de 1990 y sin importarle la edad que lleva a cuestas se anima a decir "me gustaría seguir haciendo goles por el Boys"; evoca con nostalgia todo lo que vivió en esa época y después de indagar quién es el entrenador, cuáles son sus dirigentes y la vida y milagros de la gente conocida por él, sugiere que es un profesional que siempre está dispuesto a escuchar ofertas para dirigir.
Claro, él y cualquiera que haya pasado grandes tardes con la SBA al pecho sabe que hablar del descenso es un puñal que se clava y que será una herida de muerte. Adao no lo quiere creer, pero comprende que el destino es así. Salvarlo no solo depende de la suerte.