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El 30% de lo recaudado en clínicas del Minsa va a hospitales pero no se verifica su uso

7:39 | Fueron creadas para ayudar a financiar atención de los pacientes más pobres. El Ministerio de Salud evalúa cerrarlos por contravenir normas sobre gasto público

Por Elizabeth Salazar Vega

El 15 de setiembre, día en que se inició la huelga médica, personal del Ministerio de Salud (Minsa) inspeccionó el hospital Arzobispo Loayza y el Instituto Nacional de Oftalmología (INO). Los médicos no imaginaron que la visita era la pieza que faltaba para emitir la Resolución 640-2008 que ordena el cierre provisional de las clínicas que funcionan dentro de los hospitales para evaluar su permanencia. ¿El motivo? "¡Están ganando hasta 30 mil soles por laborar en clínicas, mal utilizan la infraestructura de los peruanos", dijo el titular del sector Hernán Garrido Lecca . Tales afirmaciones fueron tomadas por los médicos como una venganza, pero más allá de los dimes y diretes existen aspectos que harían válidas las acciones de control iniciadas.

Estas clínicas, denominadas Servicio de Salud de Tarifario Diferenciado, fueron creadas en 1990 por el Minsa para que los hospitales capten recursos propios que ayuden a solventar la atención de los más pobres; por ello se autorizó la utilización de la infraestructura, equipamiento y recursos humanos de cada establecimiento. Pero el 2002 y 2005, informes del Minsa y la Contraloría General de la República ya advertían que "las clínicas incumplen el procedimiento para el pago de honorarios y no se puede saber si se acata la función social para la cual fueron creadas, pues lo recaudado ingresa a caja única".

Este panorama no ha cambiado, pese a que durante la gestión de Pilar Mazzetti se publicó una directiva que intentaba corregirlo. En el 2007, el Informe 2134-OGAJ/Minsa volvió a analizar el tema y recomendó evaluar si se venía aplicando dicha norma, referida a la administración de los ingresos, el pago de haberes y el horario del personal en las clínicas del Minsa.

ASPECTOS QUE ACLARAR
Todo visitante que ingresa a la clínica del Loayza, ubicada en el segundo y tercer piso, se aísla de los hacinados ambientes de su hospital. Su sala de hospitalización es privada, pequeña, y además de la camilla del enfermo cuenta con un sillón para el visitante y baño propio: un lugar muy diferente del enorme salón del hospital donde más de seis pacientes comparten el aire y la atención, y donde sus acompañantes deben contentarse con bancas. En el Instituto Nacional de Salud del Niño (INSN) el ambiente es mejor aún y su moderna infraestructura es similar a las clínicas particulares. Además de dichos nosocomios, también cuentan con clínicas el Cayetano Heredia, el Dos de Mayo y los institutos nacionales de Oftalmología, Materno Perinatal y el de Enfermedades Neoplásicas.

Salvo cirugías programadas, la clínica solo puede atender después de las 2 p.m. porque se entiende que los médicos laboran en las mañanas en el hospital. No obstante, Mario Ríos, de Foro Salud, denunció que en el INEN los médicos instan a sus pacientes a asistir en la tarde para recibirlos en la clínica. "Se les da tickets blancos a los del hospital y azules a los de clínica, y a estos los reciben más rápido", dice. Personal del Minsa aclaró que estas irregularidades no han sido probadas, pero que han recibido quejas.

La doctora Zarela Solís, del Loayza, asegura que la atención en el hospital no se descuida, pero a veces los médicos se ausentan unos minutos de la sala del hospital para atender a los internados en clínica. Solís es una de las profesionales acusadas por Garrido Lecca de ganar honorarios por encima de los S/.15.600 que establece como tope la Ley de Presupuesto: 3 mil soles por trabajar en el hospital y otros 10.900 por la clínica. Según las normas, el 30% de lo recaudado por clínica se queda en el hospital, el resto es para pagar al personal.

DUDAS Y BENEFICIOS
El problema de fondo sería otro, según explica la secretaria general del Minsa, Claudia Reyes: la Ley 28693 define como fondos públicos todos aquellos que se generan por la prestación de servicios con equipos y personal del Estado. Eso ocurre tanto en la clínica como en el hospital, por lo que los galenos perciben dos sueldos del Estado, algo prohibido por ley. Juntar los sueldos no sería la solución, pues eso tendría que justificarse como bono extra y la Ley de Presupuesto actual prohíbe el pago de incentivos. El otro problema es que la Constitución prohíbe al Estado realizar actividad empresarial; es decir, los servicios que presta no pueden competir con el mercado, "y es claro que estas clínicas son una competencia", agrega.

El Minsa y los médicos saben esto hace mucho, pero, como afirma Solís, "se ha visto la forma de proteger el servicio porque es una ayuda importante para el hospital". No obstante, lo que generan las clínicas significa para los nosocomios no más del 7% y 37% de los recursos directamente recaudados.

Luis Osnayo, representante de la clínica del Loayza, dice que lo recaudado sirve para cubrir los gastos de enfermos que no están en el Seguro Integral de Salud (SIS). En tanto, el médico Carlos del Águila, subdirector adjunto del INSN, manifestó su preocupación porque se reduzcan las opciones para los pacientes si se eliminan las clínicas dentro de los hospitales. "Una consulta en el hospital cuesta de 6 a 8 soles, mientras que en la clínica varía de 25 a 35 soles, monto que se duplica o triplica en el sector privado", dijo.

El Minsa no está dispuesto a dejar las cosas como están y evalúa concesionar el servicio de clínicas o cerrarlo de modo definitivo. En una semana se sabría la decisión.

DEL CONSULTOR
El problema es la política de salud*

Más allá de las clínicas y del problema surgido entre los médicos y el Ministerio de Salud, es indispensable ir al fondo del asunto: a la política estatal del sector y la necesidad urgente de su rediseño que por años, y por diversidad de circunstancias, el Gobierno Peruano no ha podido realizar.

Como señaló en los años 60 el experto Thomas Hall, el Perú ha cometido el error de creer que construyendo hospitales solucionará el problema de salud. Una salida se halla en el reforzamiento de las políticas que garantizan el seguro social universal, aplicado eficientemente y sin injerencias de ningún tipo, con estudios técnicamente evaluados por organismos internacionales y que funcionen con el aporte de todos, en concordancia con lo que cada uno puede pagar, para que el que tenga más y el que tenga menos aporten para financiar un servicio de salud que garantice la atención en todos los niveles. Así sucede desde Inglaterra y Canadá, hasta Cuba (con la tiranía que allí existe).

En 1958, el Perú fue el primer país en erradicar la viruela y a fines de esa década lo hizo con el paludismo y otros males. Esos son logros de una política de salud que no tiene nada que ver con administrar hospitales. El ministro no puede ser un superdirector, ni el Gobierno olvidar que la salud es, como señala la OMS, un sistema integral de bienestar que incluye también la justicia social.
* Uriel García. Ex ministro de Salud

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