15:12 | Además, se presentó su original trago acompañante llamado "El Nazareno" hecho a base de frutas y chicha morada
(ANDINA).- La cuadra cuatro de la avenida Tacna se convirtió hoy en un dulce punto de encuentro al elaborarse allí el turrón más grande del mundo, de 161 metros de largo, en una acción que coincide con las celebraciones del mes morado.
La meta establecida por los organizadores -la municipalidad de Lima y productores de turrón como Las limeñitas, Doña Pepa, San Antonio, San José, San Pedro y Don Alberto- fue 120 metros, ya que el año pasado se elaboró un turrón de 110 metros de largo.
La actividad se desarrolla por cuarto año consecutivo y el objetivo es promover dentro y fuera del Perú la calidad de este postre, que desde su creación -hace tres siglos- gusta a generaciones de peruanos.
El encargado de la Sub- Gerencia de Desarrollo Social, José Gálvez Cuadra, comentó que gracias a este evento y a la vigilancia sanitaria que realiza su área de manera permanente a las empresas que producen turrón, se ha alcanzo un producto de una óptima calidad.
Centenares de vecinos se acercaron a la cuadra cuatro de la avenida Tacna para degustar el dulce acompañados por los acordes musicales de la banda sinfónica de la municipalidad de Lima.
Lo atractivo de esta jornada turronera fue la presentación del trago "El Nazareno" un original acompañante durante el mes morado hecho a base de frutas, chicha morada, leche, jarabe de goma y pisco quebranta.
Joseph Durand, el bartender que lo creó, explicó que la idea de este licor es acompañar al turrón de Doña Pepa y consumirlo en estas fechas como parte del agasajo al Señor de los Milagros.
El turrón es un dulce cuyo origen se desconoce. Según se cuenta, y esta historia es la que ha convencido a diversos entendidos, ("La historia del Turrón de Doña Pepa"- Jaime Ariansen Céspedes) era preparado por una negra esclava llamada Josefa Marmarillo.
Era la época de la Colonia y esta señora aquejada por una grave enfermedad le pidió al Cristo de Pachamamilla, sanarla. Le ofreció su dulce al señor milagroso, y de regreso al valle de Cañete se curó. Desde entonces, cada octubre, ella, sus nietas y la prole que la continuó, llevó a Lima cada mes de octubre este rico dulce.