14:12 | El Gobierno asegura que procura 'mantener el equilibrio entre sus intereses humanitarios y defensivos' cuando utiliza estas armas
Moscú (EFE) .- Rusia declinó hoy renunciar al empleo de las bombas de racimo y calificó de "injustificados" los esfuerzos de la comunidad mundial por limitar o prohibir la producción de esas municiones, de acción indiscriminada.
El Gobierno ruso parte del hecho de que "las municiones de racimo son un tipo de arma legal, no prohibido por el derecho humanitario internacional y al que corresponde un papel sustancial en los intereses defensivos de Rusia", indicó la Cancillería rusa.
"No podemos renunciar a esta arma. (...) Estamos en contra de las limitaciones y prohibiciones injustificadas de esas municiones", señala el comunicado publicado en la página web del Ministerio de Exteriores.
Rusia, a la hora de usar las bombas de racimo, procura "mantener el equilibrio entre sus intereses humanitarios y defensivos", agrega.
Añade que los problemas humanitarios causados por estos artefactos se deben a su "empleo indebido" y a las violaciones del derecho internacional, y no a su naturaleza, pues "cualquier munición es potencialmente peligrosa" e inhumana.
Moscú emitió este comunicado con motivo de la conferencia de Oslo, en la que alrededor de un centenar de países firmaron esta semana el Tratado internacional para la prohibición de las bombas de racimo e instaron a los principales productores -como Estados Unidos, Rusia y China- a sumarse a la iniciativa.
El acuerdo prohíbe el uso, desarrollo, fabricación, adquisición y almacenamiento de las bombas de racimo y mejora la asistencia a las víctimas, la mayoría civiles.
Rusia destacó que al foro de Oslo, al igual que ella, no asistieron otros grandes productores, como EE.UU., China, la India, Brasil, Pakistán e Israel.
Moscú expresó su respeto a los acuerdos interestatales que "buscan reducir las pérdidas y sufrimientos humanos durante y después de los conflictos armados" y admitió las "consecuencias negativas del empleo de las municiones de racimo".
Sin embargo, subrayó que se abstiene de sumarse al llamado proceso de Oslo y a la convención diseñada en mayo pasado en Dublín, pues prefiere participar en las negociaciones de Ginebra, que reúnen "a los principales productores y consumidores de esas municiones".
Los participantes en las conversaciones de Ginebra "tienen un merecido potencial exportador y han demostrado en la práctica su capacidad de adoptar decisiones equilibradas", según Moscú.
"En caso de que en el marco del proceso negociador de Ginebra se llegue a acuerdos, estaremos dispuestos a asumir los respectivos compromisos", concluye la nota oficial.
Tras el conflicto bélico en el Cáucaso de agosto pasado, el grupo defensor de los derechos humanos Human Rights Watch (HRW) denunció que tanto Rusia como Georgia emplearon bombas de racimo.
Georgia reconoció el uso de esas municiones contra las tropas rusas que invadieron su territorio, mientras en Moscú el general Alexandr Nogovitsin, jefe adjunto del Estado Mayor del Ejército, tachó las denuncias de HRW de "mentiras preparadas de antemano".
Según HRW, el Ejército ruso bombardeó la ciudad georgiana de Gori del 9 al 12 de agosto, causando el mayor número de víctimas el día 11, al caer los artefactos sobre un edificio administrativo en el que se distribuía ayuda humanitaria.
En aquel ataque murieron ocho personas, entre ellas el cámara holandés Stan Storimans, y otras 23 resultaron heridas, que fueron hospitalizadas en Gori y después evacuadas a Tiflis, hacia donde huyeron más de 40.000 habitantes de esa ciudad.
Activistas pro derechos humanos habían denunciado previamente el empleo de bombas de racimo por Rusia en la guerra de Chechenia, pese al peligro indiscriminado que suponen para la población civil.