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FF.AA. tomaron Vizcatán, pero nada está dicho

10:06 | Sendero acecha y, como lo hizo en la zona de Bidón, tiene la suficiente potencia de fuego como para hostigar al Ejército

Por Óscar Castilla C. Unidad de Investigación

"El senderista del Alto Huallaga es más cosmopolita y frívolo. A diferencia del militante maoísta ayacuchano, el del Huallaga tiene pocas motivaciones políticas e ideológicas".

Revista Quehacer N° 87 (enero-febrero 1994)

VIZCATÁN [Ayacucho]. Los soldados que llegaron a Bidón contemplaron, a simple vista, un paraje de increíbles colores y belleza --con caídas de agua incluidas-- que los invitaba a pasar una breve temporada en medio de la selva de Vizcatán. Sin embargo, la presencia endémica de los mosquitos y el incesante asedio de las balas enemigas los hicieron cambiar de opinión, a ellos y al alto mando militar. Regresaron. Si bien la oficialidad apenas dio detalles de lo que ocurrió allí, otros indicios revelan que el Ejército se encontró, en el fortín subversivo de Bidón, con el mayor obstáculo de su ofensiva.

Era de esperarse. La facción de Sendero Luminoso (SL) que opera en Vizcatán y que se desplaza a lo largo y ancho del valle cocalero de los ríos Apurímac y Ene (VRAE) sabía que no debía perder dicho enclave ya que era estratégico para sus boyantes negocios. Entre los clanes de la droga de la región, Bidón es conocido como el peaje de las huestes subversivas de 'José' y 'Alipio', ya que allí cobran entre 35 y 40 dólares por kilo de clorhidrato de cocaína de alta pureza que dejan pasar. No solo eso, El Comercio obtuvo información confidencial que sindica a este punto como uno de los principales lugares de descanso de las toneladas de droga que luego llegan al mercado extranjero por vía marítima.

Sin embargo, cuando el Ejército llegó a Bidón solo halló cajas de cerveza vacías, así como campamentos rústicos y la cancha de fútbol que allí habían improvisado. Esto fue lo último que vieron los soldados antes de retirarse del lugar debido al permanente hostigamiento de los terroristas. Y es que la facción senderista que allí merodea es más feroz, tiene mayor potencia de fuego, experiencia y más cuadros que sus ex camaradas del Alto Huallaga (el otro valle cocalero del Perú) al mando de 'Artemio'.

Los senderistas de Vizcatán y el VRAE no han recibido golpes en su columna vertebral desde hace una década y son dirigidos por mandos curtidos en combate desde mediados de los 80, los años más duros del conflicto interno. Óscar Ramírez Durand 'Feliciano', quien los conoce mejor por haber sido su jefe hasta 1999, lo resumió así en el expediente judicial N° 524-03: "Los senderistas de Ayacucho tienen un alto grado de desplazamiento, de resistencia al frío y a la sed".

No solo eso, agentes de la Policía Antidrogas y Antiterrorista confesaron que el subversivo de esta zona (la mayoría de la sierra de Ayacucho) es menos propenso a ser captado y usado como informante a cambio de beneficios o dinero. "Si bien ambos (los del VRAE y el Huallaga) están sometidos al contacto del dinero del narcotráfico y casi mantienen una relación de simbiosis, los ayacuchanos son más duros", contó un agente que años atrás operó en el VRAE y que ahora lo hace en el Alto Huallaga.

Los oficiales del Ejército que se encuentran destacados en la zona de fuego saben todo esto y, además, reconocen la pericia, el calibre y la fortaleza física de la fuerza irregular que enfrentan. "Su rutina es caminar, caminar y caminar", admite uno de los militares de la base contraterrorista de Vizcatán. Aun así, las FF.AA. vienen tratando de asentar su supremacía simbólica y estratégica en la zona. No será fácil. Otro cantar será, confesó un alto mando de inteligencia militar, cuando les toque perseguir y capturar a 'José' y a 'Alipio', quienes se han refugiado en las entrañas de aquel laberinto borgiano conocido como Vizcatán, y cuyo complejo y conflictivo escenario mostramos gráficamente en estas páginas. Todo a su tiempo.

DISTENSIÓN. NO TODO ES LUCHA
Un "Cabito" en zona roja
Dentro de las historias de sangre y violencia que tiene el valle de los ríos Apurímac y Ene (VRAE) y la zona de Vizcatán, algunas sobresalen por la valentía de sus protagonistas y otras se distinguen simplemente por su calidad de anécdota singular.

Una de estas últimas corresponde al perro que vive en la base contrasubversiva de Sanabamba, ubicada en pleno Vizcatán, donde sirven jóvenes soldados pucallpinos que cumplen su servicio militar obligatorio y se encargan de cuidarlo .

El perro, bautizado como Cabito, viene saltando de base en base por todo el VRAE y su último destino fue Sanabamba. Según cuentan, hace algunas semanas el piloto del MI-17 se negó a subirlo al helicóptero. Sin embargo, la voluntad del can pudo más y antes de que el oficial se percatara subió a la nave artillada y arribó a Sanabamba. Algunos dicen que es cuestión de tiempo para que llegue al mismísimo Vizcatán.

ENFOQUE
Breve guía para llegar a Vizcatán*
Muchos preguntan si se puede llegar a Vizcatán sin helicóptero. A continuación la respuesta: diríjase a Huamanga. Llegará en ocho horas. Luego siga la carretera y, después de otras ocho horas de suelo afirmado, estará en la desordenada ciudad de San Francisco, la puerta de ingreso al valle de los ríos Apurímac y Ene (VRAE).

Continúe y cruce la frontera imaginaria que divide a Ayacucho e ingrese al Cusco. Una hora después habrá arribado a Pichari, la urbanizada y aburrida ciudad en donde está la principal base militar de la zona (de donde salen los helicópteros a Vizcatán). Llegue al puerto de Pichari, cruce el río Apurímac en balsa y, a un precio módico, estará en Sivia.

Después de una hora llegará a la mitificada Llochegua, que sorprende por las camionetas Hilux en las calles, por las tiendas de ropa de marca y electrodomésticos (sobre todo hornos microondas) y por los locales que venden pesticidas para cuidar a la hoja de coca. No se canse, ya está cerca.

Siga de frente , un par de horas más, y si tiene suerte llegará a la remota Canaire. Hasta allí llegó hace unos años el experimentado periodista de este Diario Javier Ascue. A pocos kilómetros está Unión Mantaro, la puerta de Vizcatán. De aquí en adelante es imposible continuar, para periodistas o militares, ya que la trocha carrozable se pierde en la tupida maleza de aquel valle cocalero de los dos grandes ríos. Toda una odisea.
* Óscar Castilla C. Unidad de Investigación

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