Las comisarías de Lima Metropolitana requieren mayor inversión del Estado
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Atención y locales policiales no son de calidad, según estudio. Policías dicen que dependencias requieren inversión del Estado
Por Alberto Villa Campos / Luis García PantaMás por fuerza que por razón, el viejo libro de denuncias de la comisaría de Bellavista debió ser reabierto a inicios de mes, luego de que en octubre del 2008 el Gobierno la incluyera dentro del grupo de delegaciones policiales modelo de Lima y Callao. ¿El motivo? Las cuatro computadoras donadas por una empresa, con las cuales se buscaba interconectar a todas las dependencias chalacas el año pasado, se malograron sorpresivamente.
Aquel inconveniente tecnológico fue como una maldición: los datos recolectados en tres meses se habían borrado por completo. Hubo, entonces, que empezar todo de nuevo: volver al viejo método de registrar cada caso en el libro y fotocopiar las denuncias para las víctimas, como ocurre en la mayoría de las comisarías de la capital actualmente.
Esta delegación hace lo que puede con sus pocos recursos, sus 40 agentes y dos patrulleros, dice un oficial que trabaja allí. Los 92 mil vecinos de Bellavista, sin embargo, mantienen incólume una imagen que por la antigüedad bien podría ser enmarcada: la policía es como esa vieja refrigeradora que a diario se esfuerza para no morir.
EL PESO DE LA DEPENDENCIAHace poco más de un año, la ONG Ciudad Nuestra visitó 69 de las 104 comisarías de Lima y Callao y comprobó que sus principales falencias tienen que ver con las condiciones del local donde se presta el servicio, la falta de personal y su poca disposición para atender al público, la carencia de información del trabajo policial y, sobre todo, la falta de equipos y bases de datos que les permitan conocer la incidencia delictiva en sus zonas.
El estudio reveló que no existe relación entre el nivel socioeconómico del distrito y la atención que se brinda en las comisarías: mientras que en las de Chorrillos, Los Olivos y Villa El Salvador se constató, por ejemplo, una adecuada respuesta del policía para gestionar una denuncia; en las de Miraflores y San Antonio su mala labor las convirtió, a ojos del ciudadano, en lugares "absolutamente inadecuados".
"La infraestructura y logística son importantes --dice el especialista en seguridad ciudadana Gabriel Prado--, pero el Estado debe también capacitar al personal de modo que se brinde un servicio eficiente, estrechando lazos con la comunidad y reforzando su liderazgo dentro de ella".
El año pasado, la Defensoría del Pueblo visitó a 66 delegaciones de la capital para evaluar las condiciones en que se tratan a los detenidos. Los resultados hablan por sí solos: 30 de las comisarías (45%) cuentan con apenas una celda, lo que impide clasificar a los capturados por sexo; 20 calabozos (30%) tienen un área inferior a los 7 m², con lo cual, según Miluska Romero, comisionada de la Adjuntía de Asuntos Constitucionales, "el Gobierno estaría infringiendo su obligación de prevenir casos de tortura y maltratos".
Este Diario comprobó que en la comisaría de Miraflores --donde se realizan diariamente 750 gestiones, entre denuncias, registros, etc.--, solo una de sus dos celdas puede recibir a detenidos, pues la otra es usada como depósito. En la comisaría de Bellavista, además, su único calabozo no tiene una sola cama: una manta que se mimetiza con el suelo sucio hace las veces de ella.
POLICÍAS EXIGEN ATENCIÓNLa página web de El Comercio les pidió esta semana a sus lectores ponerle una nota de entre 0 y 20 a la labor policial en las comisarías de la capital. El resultado fue demoledor: de los 2.331 votos, el 88% (2.051) desaprobó el trabajo de los guardianes de la población. El tenor de los comentarios recibidos fue incluso más allá: hubo quienes describieron al policía como alguien que solo lee periódicos, habla por celular y "cree que está haciendo un favor al ayudar a la gente", hasta los que sugirieron rotar al personal de las comisarías cada cierto tiempo, para evitar la corrupción.
Pero, ¿qué piensan los policías de todo esto? La Defensoría se encargó de preguntarles a 501 oficiales y suboficiales de la PNP respecto de ello. Un abrumador 79,7% considera que las delegaciones deberían ser prioridad en la inversión de su institución, el 67,8% opina que los comisarios deberían ser evaluados cada seis meses por la propia ciudadanía, y la mayoría cree que la policía debería tomar en cuenta la honestidad, la vocación de servicio y el liderazgo a la hora de reclutar a su personal en el futuro.
Con un presupuesto asignado de alrededor de US$1.200 millones anuales, ¿podrá el Ministerio del Interior traer de nuevo a la vida a sus alicaídas comisarías capitalinas? ¿Cuándo, al fin, les llegará la modernidad?
Mientras las dependencias policiales se debaten hoy entre el olvido y la sinrazón, una simple respuesta habla del espíritu que, tal parece, mantiene viva a la PNP pese a todo. "Hay desmotivación, pero también una alta vocación de servicio", dice Romero. No en vano los encuestados dijeron que si volvieran a su juventud elegirían nuevamente ser policías. Paradojas de la vida.
La tecnología es un tema pendienteDesde hace varios años, la Asociación Amigos de la Policía trabaja en la recuperación de la buena imagen policial. Su labor, que ha contado con la ayuda de la Fundación Romero, permitió en el 2004 instalar una comisaría modelo en Surquillo y modernizar 17 comisarías del Callao en el 2008.
Sin embargo, y pese que el otrora ministro del Interior Luis Alva Castro lo anunciara el año pasado, no se ha logrado aún interconectar a todas las dependencias de la capital. Esto, según el plan, permitiría elaborar un mapa en cada distrito y desarrollar acciones concretas para frenar la delincuencia. Arturo Rodrigo, presidente de la asociación, señaló que espera que el Estado invierta este año unos S/.4,5 millones para informatizar unas cien delegaciones de Lima.