El dominical

Premios Óscar: versiones de la realidad

Esta noche se celebra la 89 edición de los Premios Óscar. Un repaso por los nominados a la categoría de mejor documental.

Premios Óscar: versiones de la realidad

En O. J.: Made in America se explora la locura de una sociedad obsesionada con el éxito. (Créditos: ESPN Films)

La llaman “fiebre del Óscar” pero raramente se propaga al género documental, siempre opacado por la competencia de ficción. Con el transcurrir del tiempo, esta categoría se ha convertido en una de las más valiosas de revisar; pero no ocurrió de súbito: recordemos que en el pasado le trajo a la Academia algunas de sus críticas más demoledoras. Eran los días en los que Grey Gardens (Albert Maysles y David Maysles, 1975), The Thin Blue Line (Errol Morris, 1988), Roger & Me (Michael Moore, 1989), Hoop Dreams (Steve James, 1994), Crumb (Terry Zwigoff, 1994) o Grizzly Man (Werner Herzog, 2005) —celebradísimos trabajos de no ficción— fracasaban en su intento de obtener una nominación. Este año no hubo bochornos, pero si solo nos guiáramos por el gusto de la Academia, nos privaríamos de ver Tower, Cameraperson y Weiner, tres documentales estupendos que no alcanzaron la recta final.

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I am not your negro (Magnolia Pictures/ Amazon Studios)

Este año, la única obra maestra entre las nominadas está justamente en la categoría documental. Se titula O. J.: Made in America y nació como encargo de la cadena deportiva ESPN. En caso confirme su favoritismo —barrió con los premios de la crítica— tomará su lugar junto a ganadoras que hoy son clásicos del género, por ejemplo Preludio a la guerra (Frank Capra, 1942), El mundo del silencio (Jacques-Yves Cousteau y Louis Malle, 1956), Harlan County, U.S.A (Barbara Kopple, 1976), Hôtel Terminus (Marcel Ophüls, 1988). Cineastas de la talla de John Ford, Robert J. Flaherty, Shirley Clarke y Peter Watkins recibieron este trofeo en el pasado, y ahora podría ser el turno de Ezra Edelman, bostoniano de 42 años que nunca imaginó verse tan comprometido con el caso de O. J. Simpson, leyenda del rugby que estuvo en los ojos del mundo cuando en 1995 fue llevado a juicio por el asesinato de su exesposa Nicole Brown y un amigo de ella; un aparente crimen pasional del que Simpson salió milagrosamente absuelto.

Es válido preguntarse por qué dedicar tanta atención a un personaje tristemente célebre, más aun si la película en cuestión dura siete horas y 47 minutos. No solo porque Simpson ya ha sido objeto de atención mediática en reiteradas ocasiones —recientemente con la miniserie The People Vs. O. J. Simpson (2016), ganadora del Emmy—, sino porque, a fin de cuentas, lo único bueno que hizo Simpson fue jugar fútbol. El mismo Ezra Edelman confiesa que, en un principio, no tenía interés en perpetuar la fama de un millonario abusador de mujeres, el mismo que salió libre, gracias a que pudo costear los servicios de un dream team de abogados.

O. J.: Made In America no le hace ningún favor a la imagen pública de Simpson, pero sabe que detrás de la noticia convertida en circo hay una tragedia estadounidense: el relato autodestructivo de un atleta tocado por la gracia que acabó sucumbiendo a sus propios vicios y excesos. Todo ello daba para un exhaustivo reportaje, pero la accidentada biografía de Simpson es tan solo pretexto para que Edelman explore la locura de una cultura obsesionada con el éxito, la inmoralidad de una sociedad fundada en la desigualdad. Es allí que el filme trasciende el drama personal y se convierte en un ensayo épico y sagaz sobre la violencia institucional.

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El racismo como mecanismo de dominación es abordado por otras dos nominadas al Óscar: I Am Not Your Negro y 13th. La primera está firmada por el haitiano Raoul Peck —invitado del Festival de Lima del 2001— y coloca en su centro a un afroamericano mucho más loable que O. J. Simpson: el escritor y activista James Baldwin (1924-1987). Imágenes de la lucha por los derechos civiles son acompañadas por la voz en off de Samuel L. Jackson, quien lee textos escritos por Baldwin. Por su lado, 13th es un documental de tesis que intenta demostrar cómo en EE. UU. el actual modelo de encarcelamiento es una prolongación del antiguo sistema esclavista (su título alude a la decimotercera enmienda de la constitución, referente a la abolición de la esclavitud). La denuncia que hace la directora Ava DuVernay es provocadora, lástima que el tratamiento cinematográfico sea algo insípido (cabezas parlantes por doquier) y su argumentación caiga en la redundancia.


13th (Kandoo Films/ Netflix)

Es característico de esta categoría servir de vitrina para reivindicar causas sociales. Dado el contexto político, si Hollywood busca enviar un mensaje de rechazo al discurso fascista de Donald Trump, descartará a Life, Animated: el conmovedor caso de una familia que halló en las producciones de Disney un medio para lidiar con el autismo de su hijo. Es así como mejoran las chances de Fuocoammare, testimonio urgente y poético que obtuvo el Oso de Oro de Berlín gracias a Meryl Streep. El director italiano Gianfranco Rosi trasladó su cámara a la isla Lampedusa, puerta de acceso a Europa para miles de refugiados africanos. Mientras la crisis migratoria se normaliza y se vuelve costumbre recoger cadáveres del mar, los pobladores de Lampedusa continúan sus vidas cotidianas, tan humildes y anónimas que parecen detenidos en el tiempo, inconscientes de que el mundo está cambiando y que desde el viejo continente arrecia la xenofobia.


Fuocoammare (01 Distribution)

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