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Alejandro Neyra: “Me preocupa que se roben los libros, pero más que no se pueda acceder a ellos”

El escritor y director de la Biblioteca Nacional del Perú Alejandro Neyra publicará la tercera entrega de CIA Perú.

Alejandro Neyra

(Foto: Víctor Zea)

(Foto: Víctor Zea)

Víctor Zea

Alejandro Neyra (Lima, 1974) es abogado y diplomático de profesión. Hasta el año pasado trabajó como agregado cultural del Perú en Chile y, desde hace un par de meses, es el nuevo director de la Biblioteca Nacional del Perú (BNP). También es autor de siete libros, entre cuentos, ensayos y novelas, como Peruanos de ficción (2005), CIA Perú 1985. Una novela de espías—Premio Novela Breve de la Cámara Peruana del Libro (2012)— y Peruanas ilustres (2009). Próximamente presentará la tercera entrega de CIA Perú, una hilarante saga de espionaje. Conversamos con él acerca de su producción literaria y su rol como líder de la BNP.


¿Por qué se inclina por contar la historia del Perú en clave de humor?

Porque es el registro que mejor le cae. Es la forma más fácil que encuentro para articular un discurso que contiene un tema político; y contarlo de una manera humorística me permite tomar una distancia crítica frente a lo que está pasando, además de presentarlo de una manera más digerible para los lectores. Las novelas de espías se prestan mucho a la parodia porque rompen con la verosimilitud —sabemos que no existen estos espías a los cuales nunca les pegan, que son siempre guapos, con la corbata perfecta—, lo cual te deja tomar distancia. Malko Linge es un espía austriaco para quien el Perú es un lugar inconcebible.


La nueva entrega de la saga se llama El espía innoble. ¿Por qué el epíteto?
En este tercer libro, Malko Linge, un noble que trabaja para la CIA, regresa al Perú en 1990 y se encuentra con el más innoble de los espías, Vladimiro Montesino. La novela se centra en lo que sucede en el Perú de esa época: las elecciones donde, contra todo pronóstico, gana Fujimori, y aparece este personaje oscuro. Linge tiene que investigar a Montesinos y averiguar cuál será el destino del país con un tipo como él detrás del poder.


¿Qué cree que pasaría con Linge si llegase al Perú actual? ¿A quién espiaría?
No lo he pensado, pero sería bacán hacer un spin off de CIA Perú ambientado en el presente. Ahora que la CIA ha perdido poder en todo el mundo y que los hackers se han apropiado de las redes de espionaje de información, creo que Linge sería un viejito renegón muy cínico que, probablemente, se encuentre con el personaje del diplomático, pero para conversar o chismosear sobre la comidilla política.

No sé exactamente a quién tendría que espiar ahora. Si hubiese llegado en la época de las elecciones, como siempre ha hecho, seguro habría seguido a Verónika Mendoza y a Julio Guzmán, averiguar quiénes son y de dónde vienen. Probablemente no hubiera investigado tanto al presidente Kuczynski ni a Keiko Fujimori, porque ya son personajes conocidos desde hace años en la política.


Sabemos que reeditarán Peruanos de ficción, su libro de ensayos sobre personajes peruanos en la literatura y el cine. ¿Qué nuevos personajes encontraremos?

Sí, para octubre o noviembre saldrá una versión bastante aumentada de Peruanos de ficción, con la editorial Animal de Invierno. He encontrado muchísimos personajes más. Por ejemplo, hay una novela de gánsteres que se llama Omertà (1999), de Mario Puzo, donde se enfrenta la mafia siciliana contra la nueva mafia en Nueva York compuesta por latinos, que es manejada por un panameño y por un peruano que es, nada menos, que el cónsul general del Perú en los años noventa.

Otro libro que abordo es una novela de aventuras de Henry Rider Haggard, ambientada en el Perú del siglo XV. Aquí un inglés se encuentra con un tipo exótico en Londres, y ambos terminan huyendo en barco. Llegan a un sitio desconocido que, después, te das cuenta de que Pachacamac. Y es recibido como un dios que viene por el mar, como Naylamp. Es un hombre alto, rubio, con coraza, capaz de vencer a cualquiera. Se enamora, por supuesto, de una princesa local. Y termina luchando con los chancas en contra de los incas. Es muy loca, pero la parte histórica está muy bien documentada.

Hay varias historias así, algunas menos conocidas, todavía. Justo ayer estaba revisando, y son más de 50 novelas. Y esta vez he tratado de incluir textos más diversos. Hay una novela coreana; otra ganadora del Booker Prize de hace dos años, donde aparece un embajador del Perú asesinado en medio de una guerra de pandillas en Jamaica que, además, se basa en una historia real: en la década del setenta, un embajador peruano fue asesinado en un robo que en realidad tenía que ver con las pugnas de pandillas en ese país.


Cambiando de tema, en una de sus primeras entrevistas como director de la BNP, declaró que la recuperación de los libros robados, así como la seguridad de la biblioteca serían una preocupación principal de su gestión. Sin embargo, hace unas semanas se divulgó un artículo acusándolo de desactivar la campaña Se Buscan Libros Perdidos. ¿Me aclara el asunto?

Esa es una campaña pública que Ramón Mujica inició el 2011, y que cumplió muy bien su cometido, que era sensibilizar a los ciudadanos respecto al robo de nuestro patrimonio bibliográfico. Y permitió que se recuperaran 56 libros, más otros 77 que devolvió un colegio. Es cierto que se ha sacado de la web de la BNP, pero no hemos desmantelado el buen trabajo que viene detrás: seguimos trabajando por la recuperación de los libros, y los juicios que se abrieron durante la gestión anterior continúan; de hecho, tenemos un nuevo asesor jurídico que está haciendo el seguimiento cercano en la fiscalía.

En cuanto a la seguridad, tenemos un nuevo asesor, también; y contamos con un sistema de videovigilancia que se instaló durante la gestión de mi predecesor. El nivel de seguridad es bastante alto, aunque igual se reforzará de acuerdo a las capacidades de la biblioteca.


Pero, digamos, si la campaña pública fue exitosa, ¿por qué sacarla de la web de la BNP?
Por un lado, no pensamos que sacarla de la web pudiera ser visto como desinterés, como si fuera un retroceso en el trabajo que sí se continúa haciendo. Porque, como nosotros lo vemos, esta era una campaña mediática ya bastante establecida, que había cumplido con su cometido. La idea es reforzar lo que hizo bien la gestión anterior, pero me gustaría hacer énfasis no solo en este asunto, sino en otros aspectos que también se deben atender. Me preocupa mucho que se roben los libros, por supuesto, pero viendo la situación en la que se encuentran las bibliotecas públicas, me preocupa más que la gente no pueda acceder a la información que necesita. Hay que darle mejores herramientas al público, porque que tengamos los libros tampoco asegura que los ciudadanos puedan acceder a ellos. Entonces, tenemos que digitalizar los materiales, capacitar a los bibliotecarios —de hecho, ahora mismo se está desarrollando una capacitación con bibliotecarios de seis regiones y 20 distritos, a cargo de una organización colombiana llamada Makaia—, ofrecer mejores softwares, brindar más facilidades para que los investigadores saquen sus carnets, crear espacios más amigables para que el público se sienta cómodo de ir a las bibliotecas a estudiar e investigar. El proyecto general consiste en hacer que las bibliotecas públicas, empezando por la sede de Abancay, sean lugares para mejorar el acceso al conocimiento.

¿Cree que hay una mafia interna de tráfico de libros?
Yo no puedo hacer una afirmación así, porque sería como decir “acá son todos rateros”. Yo, más que nadie, siendo abogado, tengo que ser muy cuidadoso a la hora de acusar a alguien; no puedo hacerlo sin pruebas. Ahora, por supuesto que hay una mafia internacional de tráfico de bienes culturales, pero dentro de la BNP no lo creo.


¿Cómo va la digitalización del material bibliográfico? ¿Cómo viene respondiendo el público?

En julio esperamos acabar con la mayor parte de la digitalización del fondo antiguo y con los libros devueltos por Chile en el 2007, un lote importante que contiene piezas muy valiosas. La gente está respondiendo muy bien, las visitas de usuarios en todo el Perú y el mundo continúan aumentando, aunque esta biblioteca digital no es aún tan conocida como debería. Para eso necesitamos hacer una campaña pública, para divulgar su existencia y enseñar al público cómo acceder a ella.


¿En qué otros proyectos han venido trabajando a lo largo de su gestión?
Ahora, por ejemplo, me voy a Buenos Aires para asistir a una reunión de Iberbibliotecas y negociar el ingreso del Perú a esta organización. Esto nos va a permitir acceder a los fondos de cooperación de esa organización, asistencia técnica para la implementación efectiva del Sistema Nacional de Bibliotecas, capacitaciones para los bibliotecarios en todo el Perú, etc.

Otra cosa que nos preocupa es el estado de los libros de las demás bibliotecas patrimoniales del Perú. Hace poco estuve en el convento de Ocopa, en Junín, que tiene una biblioteca impresionante pero cuyos libros no están en el estado de conservación que querríamos. Hablamos con las autoridades de esa biblioteca y con Unesco para ver la manera de incluirla en un proyecto llamado Memorias del Mundo, que busca preservar el patrimonio bibliográfico universal.

Otro proyecto que me gustaría implementar este año es hacer que la biblioteca, que es un lugar de estudio e investigación, se convierta también en un espacio público. Que tenga una librería, un café donde la gente se pueda reunir, una sala de referencia, una sala para niños y jóvenes. Porque de nada nos sirve tener un edificio espectacular que sea una gran bóveda de libros intocables. Por años la gente se ha matado por tener la biblioteca nacional, y ahora que la tenemos, van investigadores, pero la idea es que más gente la sienta suya y asista también.

CIA Perú

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La portada de la tercera entrega de CIA Perú, editada por Animal de Invierno.

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