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27 de mayo del 2012 | 18 °C
Cecilia Huamaní Mansilla compró el suelo que pisa a punta de sabor. A lo largo de 46 años se ganó la calle

CATHERINE CONTRERAS
A la tía Cecilia la quieren todos. Y a su chanfainita también. Sea con mote o con tallarines, o si alguien quiere con arroz y cancha también. “Hola, tía”, le dicen los comensales educados, que pasan como si fuera su casa… y el que no encuentra sitio feliz come junto al lavadero o afuera sin temor al qué dirán. La comida está sabrosa y eso es lo que importa.
Arequipeña de Condesuyo, Cecilia Huamaní Mansilla llegó a Lima en el 63, cuando tenía 20 años. Trabajó como empleada del hogar, pero no aguantó el maltrato y decidió cocinar. Sacó su carretilla y preparó platos criollos, hasta que la carestía durante el gobierno de Velasco Alvarado le cortó la viada o le destapó la creatividad, más bien.
La tía optó por lo barato: bofe (pulmón de res) y papa. Había aprendido a hacer chanfainita con su mamá, pero ella dice que la mejoró. La cocinó y como guisandera ambulante le fue bien, hasta que Alberto Andrade la botó de Canevaro.
Esta nueva preocupación se convirtió en un paso adelante para la tía Cecilia, que ya había comprado con sus vecinos el terreno del corralón de Lince donde creció su hijo Lucho. Allí, esta guisandera –apoyada por su nuera Raquel– se levanta a las 3 de la madrugada a preparar dos ollones de chanfainita, que empieza a vender a las 6 a.m.
Sentada afuera, bajo un modesto techito y protegida dentro de un cerco de madera, recibe y cobra a todos hasta las 3 o 4 p.m. Invita a sus comensales a buscar sitio en el modesto comedorcito interior que hace un año revistieron con losetas y donde el servicio rápido no deja de ser atento.
La tía Cecilia es feliz en su escondite sabroso. Cuenta que “Ojo” la descubrió, y que luego vinieron R-700 y Radio Mar, que la bautizó como la Chanfainita Plus. Luego llegaron los canales de TV y los demás. Participó en Mistura y su fama creció, pero sigue siendo la misma.
BUENO, CONOCIDO...¿Y BIEN PUESTO?
De la carretilla al huarique; de guisandera de barrio a célebre cocinera. Cecilia Huamaní y Grimanesa Vargas tienen en común una sazón e historias de emprendimiento que motivaron episodios de gloria mediática. Y eso les trajo nuevos comensales, con exigencias diversas. Nos preguntamos qué pasa cuando a un huarique como el de la chanfainita de Canevaro se le antoja crecer, por ellos y por sus clientes. La tía Cecilia lo intentó: alquiló en Lince un local, pero no le fue bien. Regresó a su callejón a ser la misma de hace 40 años. ¿Están condenados los huariques a ser humildes escondrijos de buen sabor?
¿Qué huarique recomiendas?